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Fidel García: «Soy tranquilo y efervescente a la vez»

Fidel García Geada
Publicado: 11/04/2019: 8083

Entrevista al sacerdote diocesano Fidel García Geada, nacido en 1948 en La Habana (Cuba) y ordenado en 1989 en Málaga.

¿Qué es lo más inteligente que se puede hacer en esta vida?

Lo más inteligente que se puede hacer en esta vida lo enseña el Señor: ser manso como paloma y astuto como serpiente. Y en este contexto, adecuar la vocación a la acción.

¿A vivir se aprende? ¿Y a ser sacerdote?

La vida tiene gran parte de aprendizaje, lo mismo que el sacerdocio. Cuando la vida se funde en un sacerdocio entregado y fiel, vives entre lo espontáneo y lo aprendido. Ser uno mismo implica para un sacerdote una entrega que respeta la esencia de cada persona, a la vez que en dicha esencia se incrusta lo que vas aprendiendo. Lo máximo es, según San Pablo, ¨no vivo yo, es Cristo que vive en mi¨. A mí me falta bastante…

¿Crees que sabes vivir?

Tengo la sensación de que me dejo llevar por la vida. A veces estoy al volante y a veces en el asiento trasero.

¿Has sufrido alguna crisis vital? ¿En qué o en quién te apoyaste cuando la sufriste?

No he sufrido ninguna crisis vital de golpe, sino más bien pequeñas crisis. A veces suman y se enquistan y a veces pasan y no vuelven. Lo ideal es la realidad expresada por los primeros griegos: nadie se baña dos veces en el mismo río. Una homilía de mi obispo don Jesús, en mi entonces parroquia de El Buen Pastor, me bastó para soltar mucho lastre y derribar muchos diques.

¿Cuál crees que es tu gran aportación a la Diócesis de Málaga?

Mi aportación a la diócesis de Málaga es muy simple: yo mismo y por supuesto mis circunstancias…

¿Cuál es el mayor desafío al que se enfrenta nuestra iglesia local hoy?

No creo que haya mayores desafíos. Vuelvo a Pablo: si el Señor está conmigo. ¿quién puede estar contra mí? El desafío es el de siempre: la endeblez del mensajero.

¿El peor pecado con el que has tenido que lidiar?

Mi peor pecado parte de la mezcla que tengo de orgullo y derrota. Cómo me decía el inolvidable don Manuel Pineda: das el 20% de lo que eres capaz de dar. A veces me siento paralizado.

¿Qué cosas te importan de verdad y qué cosas no te importan nada?

No me importa para nada la ropa. Algún obispo hasta me ha regañado por mis descuidos a la hora de vestir dignamente. Me importa mucho la tecnología; esto en el plano material. En el espiritual, no me importa el qué dirán y me importa mucho la salvación.

¿Quién es Jesucristo para ti?

Vuelvo a Pablo: ¨para mí la vida es Cristo¨ Pero mi condición pecadora desdibuja muchas veces el rostro de Cristo que debo mostrar.

¿Quién dice la gente que eres tú?

La gente dice de todo. Lo que más me gusta es cuando dicen que hago mucho bien. Lo que menos me gusta es cuando dicen que la diabetes me ha vuelto un poco loco. Y tampoco me gusta que digan que uso mucho los superlativos en la homilías. Trato de corregirme.

¿Te gusta complicarte la vida?

No me gusta complicarme la vida porque, por mis circunstancias, ya la tengo muy complicada. Soy tranquilo y efervescente a la vez.

¿Cómo te gustaría morir?

Me gustaría morir muriéndome de verdad. Ahora bien, si no muero de golpe, me gustaría dar un mínimo de trabajo a aquellos que me atiendan. Parte de mi orgullo se traduce en que no deseo ser una carga.

¿Qué le dirías a quien se esté planteando si Dios lo llama para ser cura?

Que sea generoso y que se someta a un serio discernimiento vocacional. El discernimiento es fundamental. Empieza antes de entrar en el Seminario y sigue durante toda le etapa del Seminario. El sobrado idealismo no curte una buena vocación.

¿Podemos decir que hemos venido y estamos aquí para ser felices?

Absolutamente creo en la felicidad, porque sin ella no tendría sentido ni la fe. Otra cosa es el camino a la felicidad. Hay muchos caminos a la felicidad que son falsos. Uno solo verdadero.

¿Qué te preguntas?

Me pregunto de todo. A veces paso horas con las preguntas científicas. Leo montones de libros de divulgación científica. Y veo muchos videos en YouTube. Pero mi gran desafío es encontrar la respuesta de Dios. Es encajar a Dios en todo. O más bien que todo encaje en Dios.

¿Cómo te ves con el paso del tiempo? ¿Has mejorado como los buenos vinos?

Pocas veces soy optimista del todo. Tengo siempre muy presente el “20% de don Manuel Pineda” y tengo la sensación que no he superado la cifra.

¿Qué es lo más complicado que vives como sacerdote?

La tercera edad y sus muchos límites. El alejamiento de la efervescencia inicial.

¿Qué preguntarías a un joven que se plantea su vocación sacerdotal?

Lo que me preguntó a mi un sacerdote, a la salida de la catedral, el día en que el querido don Ramón Buxarrais me ordenó: ¿Estás dispuesto a fastidiarte? Ese sacerdote era Luis Ramírez, y por supuesto que utilizó una palabra más fuerte, mucho más fuerte.

¿Dónde encuentras la felicidad?

En ver mil veces y muchas más la película Hermano Sol Hermana Luna, de Zeffirelli. Y en darme cuenta de que no soy ni el principio ni el fin, sino sólo un muy pequeño inciso.

¿Rezas para tener éxito?

No, jamás. Rezo más bien para no tener éxito. Me conozco muy bien. Si tuviera éxito sería inaguantable.

¿Te preocupa cómo vive la gente? ¿Por qué?

Me preocupa mucho. Me preocupa la miseria material de muchos y la espiritual de otros tantos. La combinación de ambas miserias sería el Armagedón, creo yo…

¿Eres un sacerdote dócil?

No soy un sacerdote dócil. Ojalá lo fuera. No lo he conseguido hasta ahora. Un poquitín sí que lo soy.

¿Qué es para ti el tiempo?

Un concepto muy científico con el que me he devanado los sesos. El tiempo también es mi día a día. Nunca sé si mi día empieza cuando me levanto o cuando me acuesto… será por aquello de la relatividad.

¿De qué te arrepientes o tiene remordimientos?

La Iglesia de Málaga me lo ha dado todo. Soy quien soy gracias ella y soy quien seré gracias a ella. Soy un recogido de la iglesia malacitana. Óyeme bien, ¡un recogido! No me arrepiento de ser un cura de Málaga, por lo que los otros arrepentimientos quedan desdibujados o son para el confesor o el director espiritual. Ser cura de Málaga me ha salvado la vida. Remordimientos tengo. La conciencia me remuerde cuando me doy cuenta del gran tiempo que pierdo en mismo y en quejarme.

¿Cuál consideras la virtud más sobrevalorada?

La virtud más sobrevalorada para mí es la eficiencia, el rendimiento. No somos una empresa mundana…

¿Cuál es tu viaje favorito?

Mi viaje favorito siempre es a los EEUU. Siempre.

¿Pequeños placeres?

Los dulces, que en mi Málaga son especialmente buenos.

Hay quien sugiere que la soledad del cura puede llegar a ser insoportable, ¿has vivido la soledad como un calvario alguna vez? Si es así ¿qué hiciste para abrazarlo?

Lamentablemente la soledad no es un problema para mí. A veces la compañía me pone tenso y nervioso. Me he acostumbrado a estar solo. Como decía siempre mi abuela: Cada uno en su casa y Dios en la de todos. En este aspecto no soy un ejemplo para nadie. Aunque la época más feliz de mi vida fue cuando estaba en el seminario, muy acompañado, incluso por el rector Rorro y por el obispo don Ramón. Qué época aquella…

¿Un olor que recuerdes?

El olor del bizcocho y el olor del mar.

¿Un perfume que te cautive?

El olor a limpio sobre limpio. Y nunca el desodorante o la colonia sobre sucio.

¿Tu flor favorita?

Todas. La belleza de la creación se resume en una bella flor. Eso sí, cuando está viva en las ramas. Cuando la cortan son muertos que pronto apestan y mucho. Siempre pienso en el jardín de flores de Santa Teresita de Lisieux.

¿La palabra más hermosa del diccionario?

Para mí es el verbo pensar.

¿El regalo más bello que te ha regalo ser presbítero?

El cariño y la sabiduría de los ancianos. El conocer tantas parroquias y lugares.

A estas alturas del partido ¿volverías a ser sacerdote?

Seguro que sí. No creo que serviría para otro oficio… El pasado martes 12 cumplí, junto con mis hermanos Roberto Rojo y Manuel Roldán, 30 años de cura.

Chaplin, como casi todos, empezó diciendo que la vida era maravillosa y acabó diciendo que no tenía ninguna gracia. ¿Qué le responderías?

Le diría a Chaplin: lo importante no es la vida, sea maravillosa o sin gracia. Lo importante es el camino del Señor y la compañía de la Virgen María. Todo lo demás es muy relativo.

Rafael J. Pérez Pallarés

Rafael J. Pérez Pallarés es sacerdote diocesano y Delegado Diocesano de Medios de Comunicación. Todas las mañanas presenta y dirige el programa de Canal Sur Radio y Radio Andalucía Información “Palabras para la vida”, un programa fruto de los acuerdos entre RTVA y los obispos andaluces.