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El lugar de la primera Eucaristía

Vista del Monte Sión donde se sitúa tradicionalmente el Cenáculo
Publicado: 16/04/2019: 1089

Geografía del Jueves Santo, por Emilio López Navas, profesor de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga.

Existe un debate entre los expertos acerca de la naturaleza de lo que solemos denominar la última cena de Jesús. Si seguimos las indicaciones de los evangelios sinópticos (Mateo, Lucas y Marcos), se trataría de una cena de Pascua; si, en cambio, tomamos como referencia el evangelio de Juan, nos encontraríamos en el día anterior al 14 de Nisán, en el día de la preparación de la fiesta de Pascua (Parasceve).

Contexto solemne

Llegados a este punto, no nos interesaría la discusión erudita sobre el tema; nos basta señalar que Jesús quiere dejar testamento, por decirlo de alguna manera, en un contexto solemne y litúrgico, con el sabor de la celebración de la liberación del pueblo judío como trasfondo.

El evangelio no describe con detalle el lugar de la última cena, pero según los sinópticos era una sala amplia en el piso alto de una casa. La tradición cristiana sitúa el cenáculo en lo que hoy se llama “Monte Sión Cristiano”, localización que ya en el siglo IV estaba ocupada por una basílica (algunos autores cristianos sitúan también en la zona un lugar de reunión de cristianos). Allí Jesús de Nazaret realiza un acto de servicio inusual que deja descolocados a los apóstoles: quizá en el contexto de la purificación antes de la comida, aunque sabemos que Jesús y los suyos no eran especialmente ritualistas en este sentido, el maestro, a quien se debe respeto, se arrodilla ante los discípulos y realiza una función de esclavo al lavarles los pies.

Seguramente después de este signo impresionante y con el eco del ritual de la cena de Pascua, es cuando Jesús deja otro testamento a los suyos. Tomando pan y vino, elementos fundamentales en la celebración de la fiesta, hace un gesto significativo y pronuncia unas palabras que quedan grabadas en los corazones de los suyos: Jesús ha cambiado el ritual, relacionándolo con su propia existencia. Y lo hace primero con el pan: deja de ser un pan sin levadura para convertirse en el cuerpo de Cristo. Estas palabras seguramente dejaron atónitos a los discípulos. Tras la cena que concluía con una oración de acción de gracias y con la copa de la bendición, Jesús de nuevo da un nuevo significado y valor al rito: esa copa de la bendición era su sangre derramada. La novedad que estos gestos y estas palabras encierran se revela al comprobar lo pronto que la primera comunidad se reuniría para rememorar este acontecimiento de la vida de Jesús.

Después de cenar y entonados los salmos, salieron para el huerto.

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