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Juan XXIII (I). Vida

Publicado: 21/05/2019: 388

El sacerdote Santiago Correa, profesor de Historia de la Iglesia, repasa los grandes hitos de la Historia de la cristiandad.

Siendo Nuncio en París, en cierta ocasión, el futuro Juan XXIII se entrevistó con el dirigente comunista Tohrez. Lo saludó cordialmente y le dijo: «aunque no lo parezca, pertenecemos al mismo partido». Tohrez le contestó: «¿y qué partido es ese?». El nuncio Roncalli le contestó: «el de los gordos». Así era el talante de este Papa, que rompió con todos los moldes de los papas anteriores. Un hombre sencillo, familiar, buen conversador, de buen humor, de una buena salud y que amó mucho a Dios, a la Iglesia y al pueblo, especialmente a los pobres.

Había nacido en el pueblecito de Sotto il Monte (Bérgamo). Sus padres, modestos campesinos, tuvieron trece hijos, siendo Angelo Giuseppe Roncalli el cuarto. Una familia patriarcal, muy unida, con escasos recursos económicos. Desde muy niño ayudó en las faenas del campo. Asistió a la escuela con gran rendimiento en sus estudios y se unió al grupo de monaguillos del pueblo. Al padre no le agradó el hecho de que a su hijo le gustaran tanto los libros, pues quería que se dedicara más a las labores del campo. Pero, al fin, cumplidos los once años, ingresó en el Seminario de Bérgamo. Años después, se trasladó a Roma para estudiar Teología. Sus estudios fueron interrumpidos por su incorporación al Regimiento de Infantería de Bérgamo durante un año. Prosiguió sus estudios obteniendo el doctorado unos días antes de su ordenación sacerdotal, que tuvo lugar en agosto de 1904.

Al año siguiente se trasladó a Bérgamo como secretario del obispo Radini Tedeschi, al que admiró y acompañó hasta su muerte. Con frecuencia y acompañando a su obispo iba a Milán y aprovechaba la oportunidad para acudir a la Biblioteca Ambrosiana, cuyo Prefecto era Achille Ratti (futuro Pío XI).
Con ocasión de la Primera Guerra Mundial fue llamado a incorporarse al ejército como sargento de sanidad y como capellán militar. Terminada la Guerra, tuvo que trasladarse a Roma, pues fue nombrado secretario para Italia de la Obra de la Propagación de la Fe. Benedicto XV lo nombró Prelado Doméstico de su Santidad. Estos nombramientos le obligaron a visitar a los obispos y a viajar por toda Europa.

Santiago Correa

Sacerdote Diocesano