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Nostalgias terapéuticas

Publicado: 04/10/2019: 358

El Dr. José Rosado, médico acreditado en adicciones, ahonda en la importancia del recuerdo de momentos felices para abandonar el consumo de sustancias estupefacientes.

Los abordajes de las drogodependencias necesitan un estudio médico, psicológico y social, con el objetivo de hacer un diagnóstico de la enfermedad para poder indicar el tratamiento más idóneo, y que tiene como principal objetivo recuperar la normalidad funcional del cerebro que siempre queda con carencias; un cerebro sano es la condición esencial para la rehabilitación integral de la persona.

La historia de Carlos presentaba algunos matices a destacar. Ingresó en el seminario con 19 años y, después de estudiar filosofía y teología, fue ordenado sacerdote. Estuvo 5 años de coadjutor en una parroquia de su Barcelona natal y, entusiasmado con el movimiento obrero, fue uno de los pioneros “curas obreros”. Con la aprobación de sus superiores estuvo, como un trabajador más, en una fábrica en la que desarrollaba también su labor pastoral. A los tres, por conflicto laborales y una huelga traumática, fue despedido y soportó un periodo lleno de sombras que en la que solicitó su secularización. Después de un tiempo, consiguió la representación de un laboratorio farmacéutico, pero en una sucursal de Málaga. Se casó con una malagueña, tuvo dos hijos y su vida familiar y trabajo, hipotecaban todas sus atenciones.

Su trabajo de visita a médicos y farmacéuticos, le obligaba a mantener unas relaciones comerciales en las que el café, las copas y las cenas de trabajo eran tan rutinarias como la asistencia a congresos. De manera progresiva las copas aumentaron en frecuencia y, a invitación de un compañero para probar la cocaína, iniciaron un consumo que en menos de un año le había esclavizado su vida. Una situación límite familiar, social y laboral le hizo tomar conciencia de su estado. No podía seguir viviendo así y pidió ayuda para abandonar el consumo de cocaína y alcohol.

Confirmada y diagnosticada su adicción, se prescribió el tratamiento indicado, pero es axiomático que no existen enfermedades sino enfermos. Ocuparse de la enfermedad y olvidarse de la persona que sufre, con sus referencias y valores existenciales es un error que condiciona el fracaso de la praxis médica.

Carlos presentaba algunas particularidades que por eficacia terapéutica era necesario conocer y valorar. Desde el principio, marcaba unas “miradas” muy definidas a su pasado y, aunque las añoranzas del seminario siempre fueron un rumor interior, a veces muy silencioso, desde que asumió su estado de esclavitud a la droga, se le presentaban con fuerza e intensidad en su conciencia y le rellenaba espacios interiores generando alegrías, armonías y felicidades que le seducían y cautivaban. Estas nostalgias conformaban refugios interiores donde ponerse a salvo y en las que rescataba experiencias de plenitudes que, grabados de manera indeleble en su memoria neuronal, saltaban a su mente y estimulaban repeticiones similares. Carlos se extasiaba en unos acontecimientos que le sublimaron y lo siguen haciendo, y que los localizaba en el día que “escuchó y sintió” la llamada, y sin cálculo humano decidió su vocación, en su ordenación sacerdotal y la primera Misa. Este singular refugio era un especial recurso terapéutico per se y también porque completaba y multiplicaba la eficacia de los tratamientos y, de manera significativa, robaba tiempo, espacio y protagonismo a la droga. Carlos se iba aficionando a estas huidas a su hondón, especialmente en tiempos de sombras y luchas, donde las gratificaciones y los efectos terapéuticos estaban garantizados.

Se recreaba de manera sistemática en laudes que, con la meditación de los salmos y la Eucaristía, aseguraba alegres y reconfortantes mañanas que eran enriquecidas con el júbilo del Ángelus del medio día en el que la caricia del Ave María llenaba de gozo su corazón. Pero era el rezo de completas, en el que “…sobrii estote et vigilate”,“Nuc dimittis” y el “Alma Redemptoris Mater” estimulaban unos movimientos interiores que, con el silencio mayor, aseguraban un estado de paz sabrosa y dulce sosiego a un alma siempre con hambre de las plenitudes de su naturaleza espiritual.

Después de 14 meses en tratamiento y en esta dinámica, se valoró su alta clínica, porque Carlos, con un periodo de abstinencia suficiente, había recuperado su familia y su trabajo, pero de una forma muy específica su vocación cristiana que le hacía contemplar la experiencia humana como un reflujo intenso y permanente hacia su Origen y Meta definitiva.

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José Rosado Ruiz

Médico acreditado en adicciones