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Francisco Ruiz Fernández: «El terreno que pisa un cura es sagrado»

Francisco Ruiz Fernández
Publicado: 21/10/2019: 1847

Entrevista al sacerdote diocesano Francisco Ruiz Fernández, nacido en 1941 y ordenado en 1968.

 ¿A vivir se aprende?

Se aprende viviendo porque la vida es un aprendizaje total. Yo creo mucho en aquello de praxis y reflexión sobre la praxis; en cristiano, es lo que se llama la interiorización de la praxis.

¿Y a ser sacerdote?

Ser sacerdote es un regalo, como el bautismo; a ser cristiano se aprende poco a poco, muy lentamente. Todos estamos en el camino, en el proceso; y a ser cura también se aprende; la diferencia de cuando me ordenaron hace 52 años a hoy, es enorme. Hoy soy cura distinto a ayer, con menos rigideces, menos de todo, más simple.

¿Más evangélico?

Me parece que sí. Yo creo que un cura es un enviado y debe ser consciente que el terreno que pisa es sagrado. Cuando te mezclas con la gente, vives lo que es la gente: gracia y pecado; eres barro pero sabes que hay un alfarero, el Señor, siempre por medio. Y por eso cuando es oportuno, anuncias el kerigma y no más, porque todo lo que se saque del Evangelio me parece que es pérdida de tiempo.

¿Cuál crees que es tu gran aportación a la Diócesis de Málaga?

Eso es un lío porque he estado en muchas tareas, en muchas misiones. He estado muy inmerso en parroquias, en tareas diocesanas.  Reconozco haber sido por una parte muy dócil pero también muy creativo. Y cuando ha encartado, cuando ha habido que, he dado el paso a.

¿Cuál es el mayor desafío al que se enfrenta nuestra iglesia local hoy?

A mi juicio hay cuatro desafíos fundamentales: la transparencia económica, la corresponsabilidad, la sensibilidad hacia el presbiterio y la apertura a toda la marginalidad y periferias…  sin entrar en detalles.

¿El peor pecado con el que has tenido que lidiar?

La doble vida.

¿Qué cosas te importan de verdad?

Me importa mucho Jesús y la gente. Viendo a Jesús, hablando con Él hablo de la gente y me vienen nombres. Hablando con la gente está Jesús por medio siempre.

¿Qué cosas no te importan nada?

No me importa el dinero, el tener un piso, el tener una esfera de poder, el tener un carrerismo...  Esas cosas me caen supergordas.

¿Quién dice la gente que eres tú?

Paco Ruiz, el cura Paco. Una buena persona, una persona muy social, una persona que ha tocado muchas periferias, que las está tocando hoy. Una persona crítica y transparente.

¿Qué le dirías a quien se esté planteando si Dios lo llama para ser cura?

Que sea honesto consigo mismo. Que se afronte como él es, con su identidad; llevando una vida casta y un celibato; quiero decir, un corazón indiviso, exclusivo, total...  más allá de su condición sexual.

¿Podemos decir que hemos venido y estamos aquí para ser felices?

Evidente. Es que si no se es feliz viene la duplicidad. Uno tiene que mezclarse en el barro y ser feliz en el barro, pero sabiendo que el barro es otra persona la que lo modula, la que lo va trabajando: Jesucristo. Yo soy quien soy gracias a la gente y gracias al Señor que es el alfarero.

¿Qué te preguntas?

Cuándo será el final (ríe).  Para mí hay momentos que desearía que fuese el final; por ejemplo al terminar el Sínodo de la Amazonía, porque tengo mucha ilusión en este sínodo.  Creo que va a salir otra Iglesia con otros rasgos.

¿Cómo te ves con el paso del tiempo? ¿Has mejorado como los buenos vinos?

Sí, mucho y en estos diez meses aquí he ahondado mucho más en el cariño a la Virgen María, en el rosario. Disfruto rezándolo a mi manera y entrando mucho en los lenguajes de hoy. Soy un gran lector de Van Thuan, también de Pablo D'Ors.  Soy muy lector del papa Francisco, el otro día descubrí que cosas que el papa Francisco está diciendo ahora, humildemente, yo las decía trece o catorce años antes de que llegara él a Papa.

¿De qué te arrepientes o tiene remordimientos?

De muchas cosas. Tal vez de haber trabajado demasiado. De no haber desarrollado mis posibilidades deportivas. Quizá el pecado más grande ha sido el excesivo trabajo. Soy hijo legítimo de mi padre y de mi madre, que eran muy trabajadores. Tengo esos los genes.

Hay quien sugiere que la soledad del cura puede llegar a ser insoportable, ¿has vivido la soledad como un calvario alguna vez? Si es así ¿qué hiciste para abrazarlo?

Yo he estado muy acompañado. He tenido la suerte de que mis padres se vinieran conmigo. Estuvimos juntos y la vejez de mi padre hubiera sido otra sin mí, como yo hubiera sido otro, con muchos más peligros, sin mis padres. Y mis padres estaban entre la gente, la gente con mis padres y la gente me ha moldeado, me han llevado por donde han querido llevarme: sea en los Asperones, sea en los pueblos, sea en las responsabilidades diocesanas... Yo no he ido con planteamientos previos. A estas alturas de mi vida, tú me preguntas dónde me he sentido mejor y no soy capaz de decirlo, porque no hay nada mejor que nada, todo es único.

¿Un olor que recuerdes?

El jazmín de Periana. También la albahaca, la yedra, la dama de noche... Me quedo extasiado ante un rosal, me quedo parado ante él. Yo disfruto ahora de ver cómo está la Axarquía. Es un paraíso.

¿La palabra más hermosa del diccionario?

Amar. Acoger. Estar con la gente. Estar a solas con Jesús. Amar.

¿El regalo más bello que te ha hecho ser presbítero?

Estar con la gente. Lo mismo he disfrutado en una boda, en un bautizo, en un funeral, en un duelo, en una Eucaristía dominical. Ha habido días que he celebrado ocho misas y el resto de las horas, en el confesionario. Eso es un gozo.

A estas alturas del partido ¿volverías a ser sacerdote?

¡Y qué voy a hacer si no! (Ríe) Eso lo tengo claro.

¿De dónde te viene la influencia?

Pues no lo sé. A mí me parece que casi desde la primera comunión que fui yo quien dije que me quería ir al Seminario, nadie me lo propuso. Yo me independicé de mis padres con 15 años.

¿Es el Buen Samaritano otro Seminario?

Es una realidad en la que tengo que estar que en su momento dije que no era el sitio para los curas. Era una opinión que se descartó, pero lo dije y lo mantengo. Creo que en el Obispado, habría sitio para los diez o doce curas. Allí tenemos un sitio y tendrían que procurar buscar un sitio para los que vengan detrás.

¿Echas de menos la actividad pastoral?

La sigo teniendo. Con Whatsapp, con personas que vienen prácticamente todos los días, en las lecturas, con los compañeros que aquí habitamos en la residencia… pero sin aspirar a mucho.

¿Cómo llevas la enfermedad y la ancianidad?

Bastante bien. Una etapa que yo le he pedido al Señor que tenga una fecha de caducidad; pero el verá. Dios es Él, no soy yo. Y lo que Él diga, decidido está y hay que pasar por donde sea y aquí estoy para lo que encarte.

Rafael J. Pérez Pallarés

Rafael J. Pérez Pallarés es sacerdote diocesano y Delegado Diocesano de Medios de Comunicación. Todas las mañanas presenta y dirige el programa de Canal Sur Radio y Radio Andalucía Información “Palabras para la vida”, un programa fruto de los acuerdos entre RTVA y los obispos andaluces.