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Comentario al Evangelio del sábado 4 de abril

Publicado: 17/03/2020: 8601

CRISIS CORONAVIRUS

Gritemos con el Salmo de hoy: «El Señor nos guarda como un pastor a su rebaño».

CONVIENE QUE UNO MUERA POR EL PUEBLO

TEXTOS: Ez 37,21-28; Sal Jer 31,10-13; Jn 11,45-57

El episodio de la resurrección de Lázaro ha provocado una subida del índice de popularidad de Jesús. Incluso la casa de Marta y María se convierte en lugar de peregrinación para ver el milagro del Maestro. Y algún «biempensante», fiel a la ortodoxia de su fe, acude a los fariseos a contarle la situación. Estos convocan el Sanedrín, el Senado religioso de entonces.

Uno toma la voz cantante: «¿Qué hacemos? Este hombre hace muchos signos. Si lo dejamos seguir, todos creerán en él, y vendrán los romanos y nos destruirán el lugar santo y la nación». En el fondo su inquietud no es por la verdad: ¿será este el Mesías que esperamos?, sino por su propio interés y negocio: pueden destruir el templo. ¿Qué hacemos con él? Caifás, que era sumo sacerdote aquel año, les dijo: «Vosotros no entendéis ni palabra; no comprendéis que os conviene que uno muera por el pueblo, y que no perezca la nación entera». El más listo, ha encontrado el pretexto adecuado para eliminar a Jesús, convertirlo en mártir: que uno solo muera por todos.

El relato señala que, con esta sentencia, Caifás, sin saberlo, hablaba proféticamente: porque Jesús «no iba a morir solo por la nación, sino también para reunir a los hijos de Dios dispersos». Y se dicta sentencia: «Aquel día decidieron darle muerte». Es un ensayo religioso, adelanto de otro juicio civil que se desarrollará ante Pilatos. También allí resonó la sentencia: «conviene que un hombre muera por todos».

El relato del Evangelio de hoy, termina con una breve crónica que anuncia el futuro inmediato: «Se acercaba la Pascua de los judíos, y muchos de aquella región subían a Jerusalén, antes de la Pascua, para purificarse. Buscaban a Jesús y, estando en el templo, se preguntaban: "¿Qué os parece? ¿No vendrá a la fiesta?". Los sumos sacerdotes y fariseos habían mandado que el que se enterase de dónde estaba les avisara para prenderlo». No se preocupen: sí, subirá a la fiesta. Aún más, cambiará para siempre el sentido de la misma.

Desde aquella pascual judía, desde la muerte en la Cruz y el gozoso anuncio de la Resurrección, su gracia nos alcanza a todos. Ya no hay más pascuas, la única Pascua sigue irradiando la gracia de la salvación para todos. Se ha cumplido la profecía de Ezequiel, que narra la primera lectura: «voy a reunir a todos los dispersos… los libraré de sus pecados y apostasías, los purificaré: ellos serán mi pueblo y yo seré su Dios».

Gritemos con el Salmo de hoy: «El Señor nos guarda como un pastor a su rebaño».

Alfonso Crespo

Párroco de San Pedro Apóstol de Málaga