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«¡Un Dios desconocido! Tengo que darlo a conocer»

María Lucila, delante, con sus hermanas de comunidad en la casa de Málaga, que cumple cien años en 2021
Publicado: 22/05/2020: 1116

María Lucila Cabrera (Santa Fe, Argentina, 1993) realiza este domingo 24 de mayo su profesión temporal, a las 17.00 horas, consagrándose al Señor como Misionera Eucarística de Nazaret en el Año Jubilar que acaba de iniciarse, y haciendo los votos de pobreza, castidad y obediencia.

«El misterio de la Eucaristía sigue queriendo darse a conocer. El Señor quiere estar en medio de las personas, que lo tengamos en cuenta, que encontremos en Él ese amigo, que sepamos que no estamos solos»
Su profesión será presidida por Alejandro Escobar, párroco de la Victoria, templo jubilar en este centenario de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, y podrá ser seguida el domingo a las 17.00 horas en facebook.
 
María Lucila es natural de Argentina, pero lleva un año y dos meses en Málaga, algo que para ella es todo un regalo, porque es «donde se respira el espíritu de nuestro fundador, san Manuel González, ya que esta es la primera casa que fundó, donde están nuestras raíces». En la actualidad, la comunidad de esa casa está compuesta por ocho hermanas nazarenas, que van desde los 26 hasta los 78 años de edad.
 
¿Cómo conociste a las Misioneras Eucarísticas de Nazaret?
Por una amiga que estaba en grupo de la parroquia, e ingresó en las hermanas. Yo siempre había sentido a Jesús como un amigo, desde pequeña, y que me llamaba a más. Su vocación me animó a conocerlas más y a participar en sus oraciones, dinámicas... fui conociéndolas y me atrajo, sobre todo, su alegría, y saber que seguían a un Jesús que está vivo en la Eucaristía, que todo lo hizo y dijo en el evangelio, es lo que hace y dice en la Eucaristía. Y saber que no es conocido, acompañado, amado, me sedujo. Me dije "Guau, ¡un Dios desconocido! Tengo que darlo a conocer". Sentí ese impulso y así empezó el discernimiento.
 
En tu invitación para la profesión temporal escribes la frase evangélica "Ya no os llamo servidores, sino amigos" (Jn 15, 15), ¿por qué?
Jesús desde pequeña se me presentó como mi amigo. El que me acompañaba y estaba siempre a mi lado. Siempre sentí esa intimidad. Jesús se la dice en el evangelio a algunas personas, como diciéndoles que ya no quiere que le sirvan, sino que estén con él, que compartan sus cansancios y sus alegrías. Y también porque Jesús se me fue dando y dando a través de muchas personas que son mis amigos. Por eso esta frase es para mí.
 
Haces tu profesión justo cuando se inicia el Año Jubilar de la congregación...
Sí, y es que la vocación es un don, y nuestra congregación lo es también, un don que Dios hace a cada persona y es mucha alegría saber que el Señor sigue llamando y por su Gracia seguimos respondiendo. Y nos confirma que este misterio de la Eucaristía sigue queriendo darse a conocer. El Señor quiere estar en medio de las personas, que lo tengamos en cuenta, que encontremos en Él ese amigo, que sepamos que no estamos solos.
 
Justo en este tiempo en que muchos hemos tenido que dejar de ir a la Eucaristía con motivo de la pandemia. ¿Nos servirá esto para valorarla más?
Ojalá que sirva para darnos cuenta de que, si no le tenemos a Él, nos falta algo. Y que se note. Unirnos a Él es una dimensión muy importante de nuestra vida, pero que tiene que seguir concretándose en el día a día, en el decir "comulgo, y que se me note". Tenemos un tesoro, es nuestro alimento, y nos permite sentir que Él vive en nosotros, y es nuestra fuerza.
 
¿Cómo estáis viviendo la crisis del coronavirus?
Nos sirvió para compartir más tiempo como comunidad, acompañar más a Jesús y buscar lo esencial. Normalmente tenemos muchas actividades, ocupamos nuestro tiempo y nos creemos imprescindibles, pero esto nos puede ayudarnos a ver lo esencial, no perder nuestro centro. Además, esto nos permite ver que el Señor está en medio de nosotras y nos da la esperanza para cada día. Y a la vez, hemos tenido ocasión de preparar la casa para este año jubilar, para todas las hermanas que seguro van a venir en este año. También, hemos podido sentirnos cerca y acompañar con la oración y el ánimo a los enfermos, a los médicos, a los que limpian y cuidan, fijándonos en lo pequeño, en lo que no se tiene en cuenta. Como religiosas, hemos ofrecido nuestro trabajo y nuestra oración para animar a todos. El esfuerzo de uno, aunque sea pequeño, si es lo que Dios nos pide en ese momento, llega de otra forma a esa persona que lo necesita.
 
Tu familia no puede acompañarte...
No, con esta pandemia no es posible.  Me hubiera gustado que vinieran, pero para mí ha sido reconocer que lo esencial en mi vida es Jesús. Así que lo he ofrecido como un modo de solidarizarme con todos aquellos que están lejos de quienes quieren. Lo seguirán por facebook, uniéndose así a mí desde Argentina. Y lo voy a vivir fijándome no tanto en lo que me falta sino en lo que Dios me regala.
 
¿Qué dirías a quienes pueden plantearse su vocación?
Animo a otros a que, si se sienten llamados por el Señor, que se animen, que Él nunca se deja ganar en generosidad. Cuando uno da un paso hacia Él, descubre que el Señor ya lo estaba esperando con los brazos abiertos. Y encontrarse con Jesús es una alegría que nadie nos podrá quitar.
 
San Manuel González es...
...un enamorado de la Eucaristía. Supo encontrarse con Jesús, y en Jesús, con los hermanos, y así poder darse.

Ana María Medina

Ana María Medina es periodista, licenciada en Comunicación Audiovisual, doctora en Publicidad y Comunicación y especializada en temas de menores. Desarrolla su labor profesional como portavoz de la Diócesis de Málaga y miembro de la delegación de medios de comunicación de la Diócesis, además de en programas religiosos de la cadena COPE y TRECE.

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