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La Iglesia de Málaga explica sus cuentas ante la sociedad

Publicado: 06/11/2020: 6502

Este domingo, 8 de noviembre, la Iglesia Católica celebra el Día de la Iglesia Diocesana, cuyo lema es “Somos los que tú nos ayudas a ser. Somos una gran familia contigo”. Con este motivo, la Diócesis de Málaga ha presentado sus cuentas y las actividades a las que destina sus ingresos en una rueda de prensa en la que han participado el ecónomo diocesano, el diácono D. Rafael Carmona Estrada y el sacerdote diocesano Salvador Gil, capellán voluntario durante los meses primeros de la pandemia, en los hospitales malagueños.

En palabras de la portavoz de la Diócesis, Ana Medina, el objetivo es continuar en la línea de transparencia y de rendición de cuentas, tan justa y necesaria en la actualidad. Es deber de la Iglesia comunicar lo que hace con los recursos que le ofrecen el pueblo de Dios y la sociedad en general. «Vienen tiempos muy difíciles, ya los estamos notando, en los que la Iglesia ayudará con todos sus medios espirituales, humanos y sociales a salir adelante a millones de personas.»

El ecónomo diocesano ha dado a conocer los ingresos de la Diócesis de Málaga en el año 2019, que ascienden a 21.595.457,04 € (un 0,32% menos que en 2018): el 33,93% de ingresos por patrimonio y otras actividades; el 26,93% a través de las parroquias; por la Asignación Tributaria, los contribuyentes destinan a la Iglesia marcando la X el 16,86% de los ingresos que esta recibe; el 11,26% son aportaciones directas de fieles y el 11,02% restante de otros ingresos.

Ese dinero, la Iglesia diocesana lo ha utilizado en su totalidad. El 34,28% va destinado a pagar el sueldo de sacerdotes y seglares que hacen posible la labor de la Diócesis. El 29,89% en obras y conservación de inmuebles; el 18,52% en acciones caritativas; el 7,29% en acciones pastorales; y el 7,00% a otros gastos, quedando un remanente de 1,32% y un 1,70% para hacer frente a gastos financieros.

En Málaga, hay 323 sacerdotes, que ejercen su labor en 251 parroquias. A ellos se suma el servicio de 5.600 catequistas contabilizados, 812 religiosas y religiosos, 16 diáconos permanentes, 167 monjas de clausura y 179 misioneros, aparte de un gran número de agentes de pastoral que sería imposible cuantificar. La Iglesia Católica está al servicio de la sociedad malagueña a través también de 2 centros de asistencia a emigrantes, refugiados y prófugos, donde se han atendido en 2019 a 591 personas. 174 centros para mitigar la pobreza, atendiendo a 36.202 personas en 2019. 1 centro de promoción de la mujer y víctimas de violencia, donde fueron atendidas 69 personas; 1 centro de rehabilitación de drogodependientes, donde se atendió a 185 personas, 14 casas para ancianos enfermos crónicos y personas con discapacidad y se asistió a 82 personas en su búsqueda de empleo, así como a 2.379 menores y jóvenes en centros de tutela para la infancia. La labor de la Iglesia en Hospitales logró llegar a 1.626 personas en 2019. En cuanto a sacramentos, en 2019 se llevaron a cabo 6.492 bautizos, 7.092 primeras comuniones, 12.551 confirmaciones y 1.162 matrimonios.

En relación a las obras, las más destacadas en parroquias en 2019 fueron la de El Salvador de Málaga (313.957,84€), la Encarnación en Casares (143.977,90€), Nuestra Sra. de la Consolación en Villanueva de Algaidas (135.290,64€), por citar solo algunas.  43 parroquias han sido intervenidas por obras menores, y hay 16 intervenciones pendientes por falta de recursos.

El sacerdote Salvador Gil Canto ha compartido su testimonio como capellán voluntario en el Hospital Virgen de la Victoria de Málaga durante los primeros meses de la pandemia del covid-19, donde han podido acompañar, cuidar y consolar a muchas personas afectadas por el virus. Asimismo, ha explicado cómo la parroquia de la Amargura activó desde el primer momento todos los medios para seguir llevando a cabo su labor, basada en cuatro claves fundamentales: el acompañamiento a enfermos por la Pastoral de la Salud, el cuidado de los mayores que acuden al Centro de Mayores que hay en la propia parroquia, la Cáritas, que se reactivó con creatividad para hacer frente a las limitaciones del confinamiento y la vida celebrativa, que se llevó a los fieles por redes sociales cuando el templo estaba cerrado.

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