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In memoriam de D. José Sánchez Luque

Publicado: 17/11/2020: 760

El sacerdote Antonio Ramos Ayala escribe estas líneas en recuerdo del compañero D. José Sánchez Luque, fallecido este 17 de noviembre.

Villanueva del Trabuco, 17 noviembre de 2020.

Lo dijo aquel poeta alicantino: “temprano levantó la muerte el vuelo, temprano madrugó la madrugada, temprano estás rodando por el suelo… Volverás a mi huerto y a mi higuera: por los altos andamios de las flores pajareará tu alma colmenera de angelicales ceras y labores…” (Elegía a Ramon Sijé de Miguel Hernández).

Con pesar y tristeza, hemos recibido hoy la noticia de la muerte del entrañable Pepe Sánchez, que el Señor le tenga en su Gloria.

La muerte siempre llega pronto, no importan los años vividos. ¡Qué pronto termina el vivir! A los ojos de Dios es sólo un soplo que pasa. La vida es polvo, puede esparcirse en un momento, nada trajiste, nada te llevas, sólo lo que tengas allá en lo más dentro del alma.

Aunque sabíamos de su enfermedad grave, desde hace unos años, hemos podido ver cómo el carácter jovial y el buen ánimo, ayudaron a Pepe Sánchez Luque a salir adelante y gozar de unos años más de vida con sus limitaciones. Pepe fue desde su manera peculiar de ser, un siervo fiel de Dios, que no dio de qué hablar sobre él mismo, sino que vivió así, con fidelidad su sacerdocio, centrado en el corazón del Evangelio como él lo entendía: desde una opción radical y profética por los más pobres. Este hermano sacerdote no era un ideólogo de teorías baratas y trasnochadas, simplemente vio a Jesús en los pobres y el sentido de su vida en el servicio a ellos principalmente.

Creo que no dijo en su vida una homilía sin creérsela y sin que las palabras justicia, pobreza y conversión de la Iglesia hacia los más pobres, saliese muchas veces con cierta vehemencia. ¡Las cosas de Pepe! “No tenía pelos en la lengua”. Pero estas cosas eran las que a los más liturgistas o leguleyos nos alteraban y a los más necesitados les mitigaba su pesar y sus lágrimas con la mansedumbre de Dios. Él había entendido bien al Dios que es consuelo, misericordia, liberación y alegría. Era un hombre de oración, lugar desde el que, abierto a Dios, acogía sus dones y los repartía a manos llenas. Pero en el centro de su vida y su corazón siempre estaba la caridad hacia los más desvalidos. Este hombre comprendió que teníamos que tender nuestra mano siempre hacia los más pobres, porque en ellos veía a Jesús.

Pepe, sin duda alguna, vivía el lema de la jornada del domingo pasado dedicada a los pobres, “tendamos la mano al pobre”. Siempre tuvo su mirada en ellos y nos retaba con osadía a que nuestro corazón, nuestra mirada, nuestro pensamiento y nuestras acciones tuviesen como lugar prioritario los más desprotegidos.

Que él, que ya vive el encuentro definitivo con el Padre, nos ayude a poner a los pobres en el centro de nuestro corazón, como lo están en el centro del Evangelio. Desde esa realidad que es la vida eterna Pepe Sánchez Luque nos seguirá diciendo al oído: “tiende la mano al pobre, tiende tu mano al pobre”.

Rvdo. Antonio Ramos Ayala