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Viernes Santo (Catedral-Málaga)

Publicado: 02/04/2021: 93

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en los oficios de Viernes Santo celebrados en la Catedral de Málaga el 2 de abril de 2021.

VIERNES SANTO

(Catedral-Málaga, 2 abril 2021)

Lecturas: Is 52,13 – 53,12; Sal 30,2.6.12-17.25; Hb 4,14-16; 5,7-9; Jn 18,1 – 19,42.

Cristo cargó con nuestros pecados

1.- La liturgia de la Iglesia nos ofrece en este Viernes Santo la contemplación de Cristo, que muere en la cruz por todos nosotros. Él es el Siervo de Yahveh, que carga con los pecados de toda la humanidad. Como dice Isaías: «¡Y con todo eran nuestras dolencias las que él llevaba y nuestros dolores los que soportaba!» (Is 53, 4).

Nuestros pecados han causado sus heridas: «Él ha sido herido por nuestras rebeldías, molido por nuestras culpas» (Is 53, 5). Y gracias a Él hemos obtenido el perdón y la paz: «El soportó el castigo que nos trae la paz, y con sus cardenales hemos sido curados» (Is 53, 5).

La tradición cristiana ha visto siempre en la figura sufriente de este Siervo del Señor al mismo Cristo Jesús. El sufrimiento del Siervo anticipa el sentido vicario de expiación que tienen los sufrimientos de Cristo, quien soportó en nuestro lugar el castigo merecido por nuestros pecados.

Es tiempo de volver a Dios, escuchando a Cristo, que es su Palabra y que nos dice: «Venid a mí los que estáis agobiados, que yo os aliviaré» (Mt 11, 28). Nos lo dice Jesús, que es fiel y cargó por amor con la cruz y con todos los que sufren.

2.- El profeta Isaías lo describe con un realismo atroz: «Tan desfigurado tenía el aspecto que no parecía hombre, ni su apariencia era humana» (Is 52, 14). Su aspecto era despreciable, y ante su presencia se aparta la mirada (cf. Is 53, 3). Las imágenes que contemplamos de Cristo sufriente, que carga con la cruz o está clavado a ella, no suelen presentar el realismo de lo que sucedió en verdad; son imágenes para el culto y la piedad. Tenemos que ir más allá de la imagen y contemplar la realidad del atroz sufrimiento del Señor.

Su actitud fue humilde y paciente: «Fue oprimido, y él se humilló y no abrió la boca. Como un cordero al degüello era llevado» (Is 53, 7).

El Hijo de Dios, todopoderoso, se hace hombre, humillándose hasta el lugar más bajo: la muerte en cruz como un malhechor.

Su belleza infinita se desfigura y aparece como el rostro más despreciable de todos los hombres. Cristo ha renunciado a todo por amor a toda la humanidad; se ha rebajado al lugar de los esclavos, asumiendo su tarea.

3.- ¡Qué gran contraste, queridos hermanos, entre la persona y la figura de Jesús en su pasión y nuestra actitud de querer aparentar más de lo que somos! Los humanos tenemos la tentación de presentarnos con mejor figura y apariencia de nuestra realidad.

Sin embargo, el Hijo de Dios no ha tenido a menos ser despreciado y humillado por amor a nosotros. Se ha puesto en el lugar de siervo y de esclavo, que nos correspondía por nuestras fechorías y maldades; y ha asumido nuestra naturaleza caída, elevándola para compartir su divinidad.

Contemplando al Crucificado en este Viernes Santo hemos de ser muy agradecidos a quien tanto nos ha amado, que ha cargado con nuestro pecado, nuestra miseria, nuestra culpa y nuestra condena, otorgándonos la libertad y el perdón.

Vivimos tiempos difíciles de prueba, en los que debemos dirigir nuestra mirada a Dios para recobrar la esperanza. Es tiempo de mirar a Dios, escucharle y volver a Él, porque de Él nos viene la salvación, como único Mediador entre Dios y los hombres.

Como dice la carta a los Hebreos: «Aun siendo Hijo, aprendió, sufriendo, a obedecer; y, llevado a la consumación, se convirtió, para todos los que lo obedecen, en autor de salvación eterna» (Hb 5, 8).

4.- La Iglesia nos pide hoy que colaboremos con los cristianos que viven en Tierra Santa. La colecta de hoy tiene esa finalidad.

Desde hace varios siglos, en concreto desde 1342, los papas han confiado a los franciscanos la Custodia de los Santos Lugares, y los han apoyado en las distintas tareas que realizan en el ámbito religioso, educativo, social, cultural, económico y político.

La Colecta del Viernes Santo significa referirse a un compromiso que se remonta hasta la época apostólica. San Pablo lo atestigua en su carta a los cristianos de Galacia: «Nos pidieron que nos acordáramos de los pobres, lo cual he procurado cumplir» (Gál 2, 10). Y también hace referencia en otras cartas de una colecta a beneficio de los pobres de entre los cristianos de Jerusalén (cf. Rm 15, 25-26).

Contemplemos, queridos hermanos, a Cristo en la cruz, agradeciendo su entrega incondicional por todos nosotros y su ofrecimiento de salvación. Amén.

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