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Envío de profesores cristianos (Catedral-Málaga)

Encuentro de inicio de curso en el salón de actos del colegio «Academia Santa Teresa» el 23 de octubre
Publicado: 23/10/2021: 204

Homilía pronunciada por el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el Envío de Profesores Cristianos celebrado en la Catedral de Málaga el 23 de octubre de 2021.

ENVÍO DE PROFESORES CRISTIANOS

(Catedral, 23 octubre 2021)

Lecturas: Jr 31, 7-9; Sal 125; Hb 5, 1-6; Mc 10, 46-52.

(Domingo Ordinario 30 –B)

1.- El profeta Jeremías anima al pueblo de Israel a gritar de alegría, porque Dios ha salvado a su pueblo (cf. Jr 31, 7). Sin embargo, nuestra sociedad parece ajena a la gran noticia de salvación que trajo Jesucristo.

Estamos llamados a pregonar con alegría que hemos sido salvados del pecado y de la muerte; que Dios ha cancelado la condena merecida por nuestros pecados. Podemos cantar con el Salmo: «El Señor ha estado grande con nosotros, y estamos alegres» (Sal 125, 3).

Pero nuestro testimonio no parece tener aceptación entre nuestros contemporáneos, a quienes no les importa esta buena noticia y buscan unos objetivos en su vida lejanos a esta realidad.

Todo creyente y, de modo especial, los catequistas, los profesores de religión católica y los profesores cristianos en cualquier centro docente, estáis llamados a dar testimonio de la Verdad de Cristo; a sacudir las conciencias adormecidas de tanta gente que vive sin pensar más allá de esta vida terrena.

2.- En el evangelio de hoy se narra el encuentro de Jesús con el ciego de Jericó: «Al oír que era Jesús Nazareno, empezó a gritar: Hijo de David, Jesús, ten compasión de mí» (Mc 10, 47). El ciego Bartimeo pide a gritos ser curado de su ceguera física.

Nosotros, en cambio, sufrimos cegueras espirituales, pero tal vez no pedimos al Señor que las cure; preferimos aceptarlas y convivir con ellas, aunque nos impidan ver con claridad la verdad de la vida.

También hay muchas personas en nuestra sociedad que sufren cegueras espirituales, a quienes podemos ayudar ofreciéndoles la luz del Evangelio.

3.- Muchos de los que acompañaban al Maestro increpaban al ciego «para que se callara. Pero él gritaba más: Hijo de David, ten compasión de mí» (Mc 10, 48).

No seamos nosotros los que hagamos callar a los que buscan al Maestro para gozar de su presencia y de su luz. Seamos, más bien, de los que anuncian la presencia sanante de Cristo.

Jesús pidió que llamaran al ciego; y éste se acercó (cf. Mc 10, 50); y al preguntarle lo que deseaba respondió: «Rabbuni, que pueda ver otra vez» (Mc 10, 51). Y quedó curado por Jesús, gracias a su fe (cf. Mc 10, 52).

4.- También nosotros, gracias a otros testigos que nos animaron a levantarnos y a salir de nuestra inmovilidad, pudimos gozar del amor misericordioso y transformador del Señor, que nos permitió ver su luz; y ahora con esa luz de la fe, del amor y de la esperanza, regalada en el bautismo, vemos las cosas de otra manera.

La lógica del discipulado de Jesús consiste en que los nuevos discípulos son testigos a su vez para otros discípulos. El discípulo no da recetas, sino que ofrece su experiencia y su testimonio del amor sanador y misericordioso de Jesús (cf. Papa Francisco, Discurso a los sacerdotes, religiosos y seminaristas, 2. Coliseo Don Bosco-Bolivia, 9 julio 2015).

Quienes anunciáis a Cristo en ámbitos de docencia en los diversos niveles, desde la etapa infantil hasta la universidad, no debéis dar recetas; debéis ayudar a los demás a recorrer su camino, ayudarles a que se encuentren con Jesús resucitado. Debe ser un encuentro personal.

No son suficientes las palabras explicativas o enseñar contenidos, porque con eso no se llega al núcleo de la evangelización. Es necesario narrar la experiencia propia del encuentro con Jesús.

Pidamos al Señor que cure nuestras cegueras y que sepamos ayudar a otros a acercarse a Jesús, para que puedan percibir su luz y salir de las tinieblas.

5.- Hoy celebramos el Domingo Mundial de las misiones (DOMUND) con el lema: “Cuenta lo que has visto y oído”. Contar es narrar la propia experiencia.

Jesús restituye al ciego Bartimeo su dignidad perdida, que se manifestaba al estar al borde del camino, fuera de la comunidad y ciego. La compasión lleva a escuchar al otro, a solidarizarse con él, a ayudarlo a superarse, a acogerlo en medio de su dolor. La compasión se centra en la libertad que nace del amor y pone el bien del otro por encima de otras cosas.

Nosotros mismos somos testigos de esta actitud benevolente y amorosa del Señor, que nos vio al borde del camino con nuestros dolores y miserias, con nuestras cegueras y dificultades. En vez de acallar nuestros gritos, se detuvo, se acercó y nos preguntó qué podía hacer por nosotros.

El Señor nos pide que contemos lo que hemos visto y oído. Como dice san Pablo: «¡Ay de mí si no anuncio el Evangelio!» (1 Co 9, 16). ¡Pobres de nosotros si no transmitimos el tesoro que hemos encontrado y que llevamos en vasijas de barro!

6.- La primera prioridad pastoral del presente curso en nuestra Diócesis es: Primer anuncio y evangelización, que pretende invitar a realizar un itinerario de fe para el encuentro con Cristo y llevar una vida cristiana configurada con el Señor y ayudada por la gracia sacramental.

En consonancia con el DOMUND, celebramos el Día de la Catequesis, con el lema “Catequistas anunciando a Cristo”. Ser catequista (catequeo = hacer resonar) es hacerse “eco” de la propia fe; la primera labor del catequista es anunciar a Cristo con gestos y palabras; el catequista es, sobre todo, un testigo de la fe, que ha encontrado a Jesús, y percibe la necesidad de anunciarlo.

Esa es la misión que tenéis, queridos profesores cristianos, sin importar la materia que enseñéis; lo que importa es vuestro testimonio de fe; importa el anuncio explícito de la persona de Jesús.

La evangelización es la razón de ser de la Iglesia; y no puede haber auténtica evangelización sin la proclamación explícita de que Jesús es el Señor, porque ha dado su vida por nosotros y ha resucitado de la muerte.

Animo a todos los fieles, de modo especial a los catequistas, a los profesores de religión y a los profesores cristianos, a ser testigos de la fe que profesáis, anunciando la Buena Nueva de Jesucristo como salvador y redentor del ser humano. Los profesores cristianos sois testigos de la fe en vuestros diversos lugares de docencia, sea en la escuela estatal, concertada o privada; y deseo mencionar a los Colegios diocesanos de la Fundación Victoria.

Pedimos a la Virgen de la Victoria, nuestra Patrona, que nos acompañe en esta hermosa tarea y que nos fortalezca en el testimonio de la fe. Amén.

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