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Rodriguez Olaizola: «Tenemos que mirar hacia la dirección de Jesús»

José María Rodríguez Olaizola
Publicado: 07/10/2022: 6858

Conferencia

El 20 de octubre, a las 20.00 horas, la iglesia del Sagrado Corazón de Jesús en calle Compañía acogerá la inauguración, un curso más, del aula Pedro Arrupe, una iniciativa de diálogo de la fe con la cultura contemporánea que trae a nuestra diócesis desde hace años lo más granado del panorama eclesial. El encargado de inaugurar este nuevo ciclo será José María Rodríguez Olaizola, jesuita, teólogo, sociólogo y autor de éxito mundial con la ponencia: “Pistas para la espiritualidad después de una pandemia”.

ENTREVISTA EN AUDIO-PODCAST DIOCESANO:

Sus libros cuentan con decenas de reediciones, que se agotan una tras otra, pronuncia conferencias por todo el mundo, cuenta con decenas de miles de seguidores en sus redes sociales... ¿Cómo se vive el éxito en cristiano? 

Mirándose al espejo. Cuando uno se mira al espejo, ve los pies de barro y se da cuenta de a quién seguimos todos. Eso es lo que merece la pena. 

Ad Maiorem Dei Gloriam (a mayor gloria de Dios), decía San Ignacio...

¡Claro! Creo, de verdad, que la gente aprecia lo que escribo y lo que comparto, no porque hable de mí, sino porque intento hablar de Dios. Eso es lo que mucha gente busca. 

Hablará en Málaga sobre la espiritualidad postpandemia. ¿Cómo surge este tema?

Quien más, quien menos, durante la pandemia todos nos hicimos la pregunta sobre si cambiaría algo después. Estábamos en una situación inesperada y también con la oportunidad de repensar cosas porque habíamos tenido que frenar por la fuerza. En aquella época, todos nos decíamos: "bueno, algo tiene que cambiar", "de esto salimos mejor" y todas aquellas cosas. 

Luego, la realidad es que no sé si ha cambiado algo, no sé si hemos salido mejores, hemos convertido en un mantra el volver a la normalidad de antes. Por el camino, las preguntas que me brotaban eran las de la fe: ¿Hemos aprendido a ver a Dios de otra manera? ¿Hemos aprendido a ver el Reino de otra manera? ¿Hemos aprendido a vernos a nosotros mismos de otra manera? La pregunta creyente es: ¿Cabe una espiritualidad diferente donde la experiencia de lo que hemos pasado personal y colectivamente nos dé pistas y hondura para asomarnos de otra manera a nuestro lugar en el mundo?

Se trata, por tanto, más que de dar respuestas de plantear preguntas. 

Iré ofreciendo algunas de las respuestas que yo he encontrado, pero abierto a que los oyentes puedan proponer otras. Trataré de responder a tres cuestiones fundamentalmente: En primer lugar, de una forma directa: ¿Dónde estaba Dios en la pandemia? Lo segundo es, mirando al mundo: ¿Qué hemos aprendido del Reino de Dios? ¿Dónde hemos intuido semillas del reino? ¿Dónde estaban o dónde han podido emerger en este tiempo?; y lo tercero es mirarse al espejo. La pandemia tiene algo de espejo también. ¿Cuál es nuestra propia imagen ante una situación crítica? Este acontecimiento despierta todas nuestras incertidumbres e inseguridades, pero también saca lo mejor de las personas. ¿Cómo nos descubrimos también desde el punto de vista de la fe? La pregunta de "¿quién soy yo?" cobra nuevos matices.

Con el torpedo Poseidón navegando a bordo de un submarino en algún lugar desconocido del mundo, lo del covid nos puede parecer una broma.

Pues, en el fondo, todos son versiones de la misma constatación: que es la fragilidad, la futilidad de nuestras preocupaciones, la necesidad de tomar decisiones lucidas, no de la búsqueda de poder, no de la búsqueda de la seguridad personal a cualquier precio, no de la vanidad... Creo que hay paralelismos entre la locura bélica de este momento y la confusión ante una pandemia. 
La realidad es que todos estos episodios los podemos vivir solo como la noticia del día, como el hashtag que toca ahora, sin dejar que nos cale, porque después vendrá algo para que nos olvidemos del Poseidón y de la guerra. Tenemos que tratar de ver cómo hacer que la realidad no pase por nosotros sin dejar una muesca, sino que más bien caminemos en ella y dejemos que nos construya. 

Habla de esperanza a pesar de todo.

Sí, porque al final, una lectura creyente de la realidad es una lectura esperanzada, no es una lectura que se recree y se regodee en las dificultades, aunque las haya. Para mí, la fe lo que te da es una intuición de dónde están las semillas de bien para el ser humano, para la sociedad, para la creación. Lo que uno entiende y cree de verdad es que Dios está de nuestra parte y hay que tratar de visibilizar eso y ayudar a que se definan las posibilidades que Él ha puesto en nuestras manos. En ese sentido sí, yo todo esto lo vivo con profunda esperanza.

Si hay algo en sus escritos que gusta a sus lectores es que se hace entender. ¿Cómo hace para que su lenguaje sea cercano a la calle y no caer en el típico discurso autorreferencial que solo entendemos los que estamos dentro del ámbito eclesial?

No lo sé, me sale así. Para mí, las palabras sirven para describir el mundo en el que uno vive y siempre tuve la conciencia de que tenemos el reto de tender puentes entre la fe, la revelación, lo que uno va estudiando y la vida. No sé si es que me tocó escuchar de joven muchas homilías que no entendía entonces, por lo que en su momento me hice el firme propósito de ser comprensible. Te das cuenta sobre todo al predicar, al hablar en público, en todos los espacios en los que estás viendo el rostro de quien tienes enfrente. Tú te das perfecta cuenta de si está llegando o si no, y eso se ha convertido para mí en una escuela. Entonces, escribo como hablo. 

Su discurso en redes sociales llama la atención por su valentía, su libertad a la hora de entrar en temas de todo tipo. ¿Cree que el miedo a las críticas puede amedrentar a muchos cristianos?

Creo que tenemos que mirar hacia la dirección de Jesús, que no era un tirabombas, no era uno que dijese la primera ocurrencia que se le viniera a la mente para escandalizar, pero que no tenía miedo a decir lo que tenía que decir y, de hecho, eso le costó la vida. Si de verdad decimos que seguimos a Jesús, no deberíamos autocensurarnos por miedo a la incomprensión o a la polémica. Lo que tenemos también es que ser lúcidos para no poner en boca de Jesús nuestras propias obsesiones. Creo que hay que elegir muy bien qué batallas luchar y que sean aquellas que de verdad ayuden a hacer más cercano el Evangelio. En las obsesiones personales, extremismos de todo tipo y cosas sacadas de quicio, prefiero no entrar, pero donde yo creo que sí hay que meterse, hay que tener una palabra y hay que aprender a decirla. Si eso te supone incomprensión, ataque o rechazo, pues nadie es más que su maestro. 

¿Qué va a hacer en Málaga, además de la charla? ¿Qué le gusta hacer cuando viaja?
Viajo siempre con muy poco tiempo. Soy un desastre, porque me encanta pasear por Málaga y es un sitio donde me han tratado genial siempre que he ido. He podido visitar monumentos, templos, he podido comer muy bien y eso también se agradece. Ahora se trata de un viaje relámpago, porque llego esa misma tarde y a la mañana del día siguiente tengo que tomar un tren de vuelta porque tengo otro compromiso en Madrid. Siempre habrá, al menos, ocasión para compartir un buen rato con los amigos que hay allí y que son bastantes.

Antonio Moreno Ruiz

Periodista y portavoz de la diócesis de Málaga

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