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Carta abierta del predicador de la Novena a la Victoria, Manuel Ángel Santiago

Publicado: 06/09/2013: 3229

El evangelio de S. Lucas, no duda en poner en los labios de Isabel, lo que a lo largo de los siglos la Iglesia no ha dejado de recitar en verdadero espíritu de oración y alabanza: “Bendita tú entre las mujeres” (Lc 1, 42). “La piedad de la Iglesia hacia la Santísima Virgen es un elemento intrínseco del culto cristiano” (MC 56). 

La Virgen Madre es honrada con toda razón por la Iglesia con un culto especial (LG 66). Ciertamente la Iglesia nunca ha dejado de invocar a María, la Madre del Redentor y en nuestra Diócesis de Málaga esa invocación tiene nombre propio Santa María de la Victoria, en su imagen venerada desde siglos se expresa el don de Dios para con nosotros, Dios nos ha dado en María su ternura, su amor y esperanza. Este año nuestras fiestas Patronales vienen enmarcadas por el “Año de la fe”, es un deseo profundo que quisiera contribuir a una renovada conversión al Señor fuente de salvación y vida para la humanidad sedienta de felicidad. “Caritas Chisti urget nos” (2 Cor 5,14): es el amor de Cristo el que llena nuestros corazones y nos impulsa a evangelizar. 

Hoy como ayer, Él nos envía por los caminos del mundo para proclamar su Evangelio a todos los pueblos de la tierra (Mt 28,19, PF 7). Transmitir la fe que hemos recibido como un don, es una tarea urgente que incumbe a todos los que creemos en Cristo por igual, ello ha de constituir una fuente inagotable de gozo (EN 1). Santa María de la Victoria nos acompaña en esta tarea misionera de iluminar el corazón de los hombres con la luz de la fe. 

Durante este tiempo que nos concede la Iglesia para intensificar nuestro amor a Cristo hemos de tener puesta nuestra mirada en Jesucristo, contemplar su rostro a través de María, pues la contemplación de Cristo tiene en María su modelo insuperable. El rostro del Hijo le pertenece de un modo especial. Ha sido en su vientre donde se ha formado, tomando también de Ella una semejanza humana que evoca una intimidad espiritual ciertamente más grande aún. Nadie se ha dedicado con la asiduidad de María a la contemplación del rostro de Cristo. Los ojos de su corazón se concentran de algún modo en Él (RVM 10). Contemplar el rostro de Jesucristo, “en Él encuentra su cumplimiento todo afán y todo anhelo del corazón humano. La alegría del amor, la respuesta al drama del sufrimiento y el dolor, la fuerza del perdón ante la ofensa recibida y la victoria de la vida ante el vacío de la muerte, todo tiene su cumplimiento en el misterio de su Encarnación” (PF 13). 

Durante este año, ojalá se susciten en nosotros la aspiración de confesar la fe con plenitud y renovada convicción, con confianza y esperanza. Es muy necesario poner nuestra mirada contemplativa, en Santa María la Virgen Madre, dirigirnos a ella con gran devoción, pues ella es imagen perfecta de la Iglesia, que reúne en sí y refleja en cierto modo las supremas verdades de la fe. En la escuela de Santa María de la Victoria nuestra Madre y Patrona, agarrados de sus manos amorosas, hemos de renovar cada día la dimensión misionera de la Iglesia, con nuevo ardor contagiemos la fe y el amor a Cristo en el corazón de niños y jóvenes, de los hogares nuevos que surgen en nuestras comunidades o en aquellos donde la fe es un pabilo vacilante y mortecino, encender. Pongamos en manos de la Virgen especialmente a los enfermos, ancianos y a los que viven sumergidos en la crisis, a los inmigrantes y a todos aquellos en definitiva que sufren, a nuestras parroquias, movimientos, hermandades y cofradías... 

Que Santa María de la Victoria siga conduciendo la vida de la Diócesis de Málaga y la proteja con su manto virginal.

Autor: Manuel Á. Santiago