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«Ha sido una peregrinación en familia»

Publicado: 15/04/2013: 1738

Un grupo de malagueños de Marbella, Estepona, Cañete y Málaga capital ha viajado a Tierra Santa encabezado por el obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, con motivo del Año de la fe.

La peregrinación, que se ha desarrollado desde el 5 al 12 de abril, ha estado coordinada por la delegación diocesana de Peregrinaciones, con la asistencia técnica de Savitur, y ha recorrido los lugares más emblemáticos de Tierra Santa: el Monte de las Bienaventuranzas, el mar de Galilea, el Monte Tabor, Caná, Nazaret, Haifa, Jericó, Betania, el Mar Muerto, Belén, el Monte Sión, Ein Karem, entre otros.

El delegado de Peregrinaciones, Claudio Barbut, afirma que «ha sido una peregrinación entrañable, en la que hemos sido guiados por el pastor de la diócesis, el Sr. Obispo, nos ha acompañado por las tierras que vieron nacer al Señor Jesús y nos ha ayudado a conocerlo y a rezar». En el Año de la fe, la Diócesis ha querido preparar con especial esmero esta peregrinación, en la que los participantes han tenido la ocasión de leer "el quinto evangelio", como se suele denominar a la visita a Tierra Santa, ya que permite conocer de primera mano los lugares donde aconteció la vida, pasión, muerte y resurrección de Cristo.

Además, el hacerlo en este tiempo pascual dota aún más de significado a este viaje, que se ha hecho en comunión con el resto de la Iglesia malacitana y con la figura del obispo a su cabeza, como pastor de los católicos malagueños.

Un peregrino nos cuenta su particular crónica: «Poco antes de tomar el avión que nos llevaría a Tierra Santa, D. Jesús Catalá nos pidió a los peregrinos que nos fuésemos presentando al grupo. Nuestro obispo, los cuatro sacerdotes (D. Jesús, D. Antonio, D. Gabriel y D. Claudio) y nuestro diácono D. José desde aquel momento iniciaron lo que iba a ser una peregrinación en familia.

Además de emocionante, la ceremonia de renovación de promesas matrimoniales en Cana de Galilea fue toda una sorpresa ya que fue oficiada por el rito mozárabe. Ha sido una semana donde hemos aprendido a valorar y disfrutar de la riqueza de la liturgia.

Sentados en la sinagoga de Cafarnaum, pudimos profundizar en las costumbres, corrientes religiosas, inquietudes, situaciones históricas en las que Jesús se vio envuelto y desarrollo su vida pública.

Tras una magistral explicación en el Monte Tabor, lugar de la Transfiguración del Señor, llegamos a la renovación del Bautismo en el Río Jordán pidiendo ser "configurados".

Y todo esto tenía lugar entre una atmósfera de alegría, cantos, bailes, oración y paseos... Todas las noches tras cenar nos íbamos a pasear juntos por Jerusalén y Galilea y paseábamos junto a D. Jesús y nuestros curas y ellos con su entrega y cercanía permanentes nos hacían pasear junto al Nazareno. Fue muy emotivo estar junto a ellos en el Cenáculo, el lugar de los lugares para un sacerdote.

En el Huerto de Getsemaní, los padres Franciscanos, siempre tan atentos, nos permitieron pasear entre los olivos centenarios. Pero a pesar de aquel privilegio, me quedo con la Eucaristía celebrada dentro de la Basílica de las Naciones cuya prédica fue de "oreja y rabo".

Ya de regreso en Málaga, no puedo evitar que mi mente retorne a aquellos días, aquellos lugares, a las experiencias vividas, al cariño mostrado y a la dedicación que nuestros presbíteros y D. Jesús nos han dispensado. Gracias».

SITUACIÓN ACTUAL DE TIERRA SANTA

El cardenal Leonardo Sandri, prefecto de la Congregación para las Iglesias Orientales, dirigió hace pocas semanas una carta a los Pastores de la Iglesia católica para el apoyo de Tierra Santa. La carta está firmada también por el secretario del dicasterio, el arzobispo Cyril Vasil SJ.

«La compasión evangélica -comienza la carta- ayuda a comprender la necesidad de la Colecta del Viernes Santo para sostener a los hermanos y hermanas que en los Lugares de la Redención, junto a sus pastores, viven el misterio de Cristo, el Crucificado que ha resucitado para la salvación de la humanidad. Sobre los orígenes del cristianismo ha dicho el cardenal que de "estos orígenes la Tierra Santa es testigo silencioso y custodio vivo gracias a las comunidades latinas de la Diócesis Patriarcal de Jerusalén y de la Custodia Franciscana, como también gracias a las comunidades Melquita, Maronita, Siria, Armenia, Caldea y Copta allí radicadas. Pero, al mismo tiempo, es testigo de cómo pueblos enteros, hambrientos de dignidad y justicia, han dado alas al sueño de una primavera de la que queríamos ver de inmediato sus frutos, como si la esperada gran transformación fuese posible sin una renovación de los corazones y sin asumir la responsabilidad hacia los pobres del mundo, en cuya importancia todos nosotros concordamos».

Sobre la situación actual de Medio Oriente, continúa la carta diciendo que «parece exigir cuanto propone la Encíclica Populorum Progressio, del siervo de Dios Pablo VI. Ante la denuncia de las "carencias materiales de los que están privados del mínimo vital" y de las "carencias morales de los que están mutilados por el egoísmo" (n. 21), el romano pontífice sugería no sólo "el aumento en la consideración de la dignidad de los demás, la orientación hacia el espíritu de pobreza (cf. Mt 5, 3), la cooperación en el bien común, la voluntad de paz", sino también "el reconocimiento, por parte del hombre, de los valores supremos, y de Dios, que de ellos es la fuente y el fin".»

El ya papa emérito Benedicto XI ha ofrecido ejemplos admirables de esa misma mirada llena de compasión. «Son prueba de ello la confortadora visita pastoral al Líbano del pasado septiembre, para la publicación de la exhortación apostólica Ecclesia in Medio Oriente; el constante recuerdo en sus mensajes al rezar el Ángelus, en las Audiencias, en sus discursos ante personalidades e instituciones; la intención de la oración indicada a toda la Iglesia en enero de 2013», afirma la carta.

Además, el cardenal ha reconocido, con agradecimiento y admiración, «todo lo que la generosa solicitud de los católicos ha realizado hasta ahora, que ha permitido mantener los Lugares Santos y las comunidades que se reúnen en ellos. Estas comunidades, junto a los institutos religiosos masculinos y femeninos, ofrecen las primeras ayudas ante las catastróficas consecuencias causadas por la guerra y ante cualquier otra emergencia». Estas comunidades, continúa, «con una cualificada red pastoral, escolar y sanitaria, se distinguen por su asistencia a las familias –especialmente para salvar la vida rechazada–, acudiendo al cuidado de los ancianos, los enfermos y las personas con discapacidad, a la atención de quien está sin trabajo y de los jóvenes que buscan un futuro, obrando siempre en defensa de los derechos humanos, comprendida la libertad religiosa». Unido al «encomiable esfuerzo ecuménico e interreligioso, como el puesto en obra para detener el incesante éxodo de los fieles desde su madre patria oriental y la cercanía a los prófugos y a los refugiados, se comprende lo "específico cristiano" que hace de aquella Región», afirma el cardenal.

Finaliza la carta recordando que la Congregación para las Iglesias Orientales dirige «la llamada a confirmar la caridad eclesial a favor de la Tierra Santa» y junto con el papa «agradece a los Pastores y a los fieles la oración y la fraterna solidaridad que querrán dar a esta intención, unidos a la Cruz del Señor y participando del agradecimiento del mismo Supremo Pastor a la Iglesia que en esa Región da prueba de un tan esforzado testimonio».

Autor: Ana María Medina