Uno de los grandes activos que tiene la Iglesia Católica en Málaga es su capital humano. Sí, su gente. No es momento de hablar de dinero sino de hombres y mujeres; jóvenes, niños y niñas que, desde su fe cristiana, son y aportan luz. De sobra sé que no todo lo que reluce es oro y de todo hay en la viña del Señor, que habría motivos para ser críticos con las sombras eclesiales, que las hay, pero hoy no toca.