María y José cumplen con lo prescrito en la Ley: «Todo primogénito varón será consagrado al Señor» (Ex 13,2). Es el gran signo de la entrega personal a Dios, al que pertenece totalmente. Un gesto que expresa que la vida es un don sagrado que no nos pertenece, sino que viene de Dios y a Él se orienta. La identidad del ser humano, por tanto, no se entiende al margen de Dios, sino en una íntima referencia a Él