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Mª Francisca: «Una vida para eucaristizar no es ninguna locura»

María Francisca, ante los restos del obispo san Manuel González
Publicado: 24/08/2021: 3515

Mª Francisca Delgado es una de las dos Misioneras Eucarísticas de Nazaret que ha celebrado sus votos perpetuos en Málaga este mes de agosto. Natural de Fuente del Rey (Jaén) conoció la congregación y colaboró con ellas desde la Reparación Infantil Eucarística.

Ha servido en la archidiócesis de Sevilla y actualmente está al frente de una residencia de estudiantes en Soria. La conocemos un poco más en esta entrevista.

¿Cómo estás viviendo esta etapa tan fundamental en tu vida religiosa?
Este tiempo está siendo un tiempo lleno de gracia, encuentro, ilusión, de compartir y sobretodo de oración. Un tiempo en el que día a día he ido afianzando mi Sí al Señor, mi amor a Quien me invitó a vivir una vida consagrada para con los demás, en Él, por y como Él quiera. Soy feliz.

¿Qué te llevó a querer formar parte de la congregación de Nazarenas?
En realidad yo nunca había conocido a otras religiosas y, aunque en mi vida jamás hubiera pensado que el Señor tenía destinado para mí el regalo de la vocación religiosa, puedo afirmar que su llamada me cambió el corazón.
A las hermanas las conocí por casualidad en un encuentro que hubo en mi pueblo, donde yo asistí junto a un grupo de chicos y chicas a los que yo daba catequesis. Después de tener con ellas una relación más cercana tras la muerte de mi madre, yo me había refugiado en la oración y su sencillez, acogida, alegría y amor a Jesús me atrajo mucho.  Por eso al conocer a Jesús Eucaristía, día a día fue cambiando mi vida. Comencé a sentir que quería ser y vivir como ellas. Vivir para Quién a ellas les había tocado el corazón.

¿No es una “locura” ser religiosa en los tiempos que corren?
Cuando comencé a sentir en mi vida el don de la vocación, que quizás mi futuro podría ser formar parte dentro de la vida religiosa, me asusté un poco, pues era algo que ya no estaba de moda y, claro, bastante complejo para algunas personas. Pero cuando me di cuenta que no era yo, sino yo con el Señor, todo cambió. A pesar de eso seguí en búsqueda, pero después de muchas resistencias vi que este era mi camino. Volvería siempre a decirle sí a la llamada del Señor: “vende lo que tienes y sígueme”. Comencé a sentir y a tener la certeza de que Dios estaba en todo y fue cuando, poco a poco, comencé a adentrarme en este estilo de vida. Una vida para eucaristizar. Por eso siento que no es ninguna locura.

¿Qué camino personal has vivido hasta llegar a este momento? ¿Qué personas te han ayudado?
Es un tiempo que me ha servido para afianzar mi vocación y discernir si este era el camino que tenía que seguir. Unos años en los que he hecho experiencia de vida comunitaria, de apostolado, de oración,… Un tiempo privilegiado que me ha ayudado a fortalecerme como mujer consagrada, para entregarme a los demás con todo lo que soy.
Yo nunca hubiera pensado que la vida religiosa era lo que el Señor me invitaría a vivir, pero por muchas y diferentes circunstancias, comencé a sentir que a mi vida le faltaba algo, y ese “algo” solo se llenaba en los momentos que pasaba con las hermanas, en catequesis, pero sobre todo cuando participaba de la Misa y hacía oración. Un día me pregunté: ¿Y por qué no? ¿Cómo sería mi vida junto a ellas, viviendo dentro?
Ha sido un camino donde he ido dando pequeños pasos, de resistencias, de acompañamiento y de dejarme guiar. Un camino que ha ido forjando en mí un amor que cada día me une más al Amor Eucarístico; a vivir para Él en los demás dando lo mejor de mí.
A lo largo de mi camino ha habido muchas personas que me han ayudado y acompañado. Personalmente y con la oración. Me vienen al corazón el rostro de hermanas, piezas que han ido dando forma a este camino, sacerdotes y, sobre todo, el apoyo de mi familia y amigos. Ellos siempre me han estado acompañando en esta historia de amor que un día comencé a vivir y de la que me siento feliz por formar parte de ella.

¿Qué significa Málaga para ti?
Málaga para mí es un lugar especial. Málaga ha sido testigo de mi entrada en Nazaret. También aquí viví mi Noviciado durante dos años, los cuales me adentraron más profundamente a conocer la vida de san Manuel González y el estilo de vivir y ser de las hermanas. Fue el lugar donde por primera vez hice mi consagración temporal al Señor, aquí hice mis primeros votos temporales y aquí ha querido el Señor que haga mi entrega total, mis votos perpetuos a Él.

¿Cómo explicarías a un joven que no sabe nada de esto lo que significa “eucaristizar”? Explícanos con palabras sencillas esa llamada que sentís.
Las hermanas nos sentimos llamadas a eucaristizar, a acercar a los hombres al Corazón de Jesús que está en la Eucaristía, para que así puedan vivir la Vida que de ahí brota.
Nuestro mayor deseo es que Jesús sea amado y acompañado. Qué el mismo Jesús del Sagrario es el que habite en el corazón del mundo… el mismo Jesús del Evangelio.
Sentirnos llamadas a eucaristizar significa, tanto para san Manuel González como hoy en día para cada una de las hermanas, el poder hacer que la gente sienta que está vivo y vive junto a cada uno de nosotros. Está y ha estado siempre.
Cada una de las Misioneras Eucarísticas de Nazaret, desde el lugar donde nos encontramos, eucaristizamos por medio de nuestra vida. Vivimos una vida sencilla, en comunidad, en la que nuestra entrega y amor a los hermanos nace de la Eucaristía, dejándonos amar y alimentándonos cada día de Él.

Ana María Medina

Periodista de la diócesis de Málaga

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