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Erección de la parroquia Santa María del Mar (Torremolinos)

Celebración en la parroquia Santa María del Mar
Publicado: 06/10/2019: 2201

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la erección de la parroquia de Santa María del Mar, en Torremolinos, el 6 de octubre de 2019.

ERECCIÓN DE LA PARROQUIA
DE SANTA MARÍA DEL MAR
(Torremolinos, 6 octubre 2019)


 Lecturas: Hab 1,2-3; 2, 2-4; Sal 94,1-2.6-9; 2 Tm 1,6-8.13-14; Lc 17,5-10.

(Domingo Ordinario XXVII-C)


 
1.- Hemos escuchado en la primera lectura que «el justo vivirá por su fe» (Hab 2, 4). La fe es un don y, al mismo tiempo, una tarea. El don se acepta y se agradece, pero no se exige ni se reclama, porque es gratuidad por parte de Dios; pero hay que trabajarlo para que dé su fruto.  
    La semilla, si cae en tierra buena, puede dar el ciento, el sesenta, el treinta por ciento por uno (cf. Mt 4,20). La fe también puede crecer y dar mejores frutos. Los apóstoles pidieron al Señor: «Auméntanos la fe» (Lc 17, 5). La fe se puede pedir como un don de Dios. En el bautismo se nos regaló la fe, la esperanza y el amor como virtudes teologales, que nos ponen en sintonía con Dios. Por eso hemos realizado en los ritos iniciales la aspersión con agua bendecida, signo de nuestro bautismo, por el cual somos hechos hijos adoptivos de Dios. Las tres virtudes teologales pueden ir creciendo a lo largo de la vida del cristiano; más aún, deben ir creciendo: para amar cada día más, para esperar cada día mejor y para tener una fe más profunda.  
San Pablo recomienda a su discípulo Timoteo: «Te recuerdo que reavives el don de Dios que hay en ti por la imposición de mis manos» (2 Tm 1, 6). Hemos de reavivar la fe que Dios nos concedió como regalo. Este es otro hermoso signo: para que el fuego no se apague, se le debe reavivar y quitar las cenizas. Las virtudes teologales si no se reavivan se apagan.  
 
2.- Hemos de cuidar «la fe y el amor que tienen su fundamento en Cristo Jesús» (2 Tm 1, 13); no se trata de creer en cosas ni siquiera en personas, se trata de fundamentar nuestra vida en Cristo Jesús.  
La fe está fundamentada en la persona de Jesucristo; en él tiene sus raíces. Es como el árbol que crece junto a la corriente de agua; no sufre el estío y siempre se mantiene frondoso, dando fruto en su sazón (cf. Sal 1, 3). Esta es otra hermosa comparación. Si la parroquia está unida a las aguas bautismales y participa de la sangre que sale del costado de Cristo, será vivificada.  
Para mantenerse junto a la corriente, crecer y no ser arrastrado por las aguas torrenciales, hay que tener raíces profundas; hay que tener buenos cimientos, hay que estar fundamentos sobre la roca, que es Cristo, porque Cristo es la piedra angular de la Iglesia, como hemos cantado en el Salmo: «Venid, aclamemos al Señor, demos vítores a la Roca que nos salva» (Sal 94, 1).
Jesús nos invita a beber del agua que él nos ofrece; agua que lleva a la vida eterna y que mana del costado de Cristo; es el agua viva del Señor, que ofrece a la samaritana, sedienta de verdad y de amor auténtico: «El que beba del agua que yo le daré nunca más tendrá sed: el agua que yo le daré se convertirá dentro de él en un surtidor de agua que salta hasta la vida eterna» (Jn 4, 14).
 
3.- Hoy venimos a dar gracias a Dios por la creación de la nueva parroquia de Santa María del Mar en Torremolinos. Como se ha dicho ya en el Decreto de erección, su territorio ha sido desmembrado de la parroquia de San Miguel. Aunque ya se celebraban la Eucaristía y los demás sacramentos, ahora nace una parroquia nueva, cuyo primer párroco es D. Javier. Hoy estrenamos e inauguramos parroquia y párroco. ¡Cuidad bien este hermoso regalo que Dios nos concede!
    En la parroquia el Señor nos ofrece al agua viva, que purifica, salva y lleva a la vida eterna. Aquí se bautizarán los nuevos feligreses en las aguas lustrales. Aquí recibirán el alimento de vida eterna en el pan eucarístico; aquí escucharán la Palabra de Dios, que iluminará su corazón; aquí los fieles echarán raíces profundas para dar buenos frutos como árboles frondosos y fecundos; aquí, sobre la roca de Cristo, se edificará la nueva comunidad parroquial; aquí se adorará el santísimo sacramento; aquí recibirán los fieles el don del Espíritu Santo; aquí se unirán en santo matrimonio los nuevos esposos.  
 
4.- Hemos comenzado un nuevo curso pastoral, con unas prioridades y unos retos. La nueva parroquia debe organizarse para llevar adelante el trabajo apostólico. Hay que crear los organismos pertinentes y los servicios eclesiales para asegurar la vida comunitaria. Se han de crear los consejos parroquiales de pastoral y de asuntos económicos.
San Pablo nos ha invitado a dar testimonio valiente de la fe: «No te avergüences del testimonio de nuestro Señor ni de mí, su prisionero; antes bien, toma parte en los padecimientos por el Evangelio, según la fuerza de Dios» (2 Tm 1, 8).  
    Se nos invita a tomar parte en los trabajos que exige el Evangelio. La parábola de los llamados “siervos inútiles” merece una consideración por nuestra parte. No podemos enorgullecernos del trabajo realizado. Jesús nos dice: «Cuando hayáis hecho todo lo que se os ha mandado, decid: Somos siervos inútiles, hemos hecho lo que teníamos que hacer» (Lc 17, 10). Nadie debe ufanarse de hacer su trabajo. Nosotros, a veces, no hacemos ni siquiera lo que teníamos que hacer.
 
5.- El Señor nos invita a asumir cada cual la misión que Él mismo le encomienda; y esta misión se desprende del bautismo. Todos y cada uno de los fieles tenemos una misión, que el Señor nos ha confiado. Y nadie debe eludirla, porque de otro modo se quedaría por hacer.  
    Me complace recordar a los laicos que no sois los servidores de los sacerdotes, sino que todos servimos al mismo Señor Jesucristo. La comunidad parroquial es como una familia, donde es necesaria la coordinación y la tarea directiva de los padres. En la parroquia es el párroco el pastor que actúa en nombre de Cristo; pero cada uno debe asumir su propia responsabilidad. El papa Francisco critica a los laicos que desean realizar lo que le corresponde al sacerdote y viceversa. No debe haber “clericalización de los laicos” ni “laicización de los sacerdotes”.
 
6.- Ayer nos ofrecía la liturgia las “Témporas” de acción de gracias y petición. La “Témporas” tienen tres dimensiones. En primer lugar, hemos de pedir perdón de nuestros pecados; necesitamos la reconciliación con Dios y con los hermanos.  En segundo lugar, tenemos que dar gracias a Dios, porque todo cuanto tenemos es don suyo y no es fruto de nuestro solo esfuerzo. Y, en tercer lugar, debemos pedir que Dios siga bendiciéndonos y dándonos lo que necesitamos, porque experimentamos nuestra debilidad y nuestra pobreza. ¡Que esta nueva comunidad parroquial de Santa María del Mar viva siempre en esta triple actitud!    Hoy el Papa acaba de inaugurar el Sínodo de la Amazonia y nos pide que recemos por los buenos frutos de esta asamblea eclesial. Hace tiempo nos ofreció su encíclica “Laudato si”, exhortándonos a cuidar de la creación.
    Hoy damos gracias a Dios por la creación de la nueva parroquia de Santa María del Mar en Torremolinos y le pedimos que nos convierta cada día en mejores hijos suyos. ¡Que la parroquia sea un hogar de fraternidad y de comunión, que irradie el evangelio hacia fuera!
    Confiamos a la Virgen, bajo la advocación de Santa María del Mar, la andadura de esta nueva parroquia en dos sentidos: el caminar juntos y el navegar juntos en este barco que hace hoy su singladura. Amén.