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FERMÍN NEGRE. Comentario al Evangelio de hoy, lunes 1 de junio

Publicado: 01/06/2020: 46407

El Evangelio nos sitúa en aquel Monte, testigo del Amor más grande. A ese mismo monte subimos hoy para recibir un grandísimo regalo.

Hay una expresión muy común que es la de “morir matando”. Jesús no murió matando. Su morir fue perdonando, abriendo los brazos, regalando vida. Uno de sus últimos regalos fue darnos a su propia madre.

Los textos evangélicos no cuentan mucho de María. Pero suficiente. Suficiente para comprender que su maternidad fue un proceso también espiritual, no solo físico. Aquel “concebirás y darás a luz un hijo” duraría toda su vida.

Porque ella aprendió muchas cosas desde el silencio. Contemplándolo todo en su corazón, confiándose muchas veces sin entender lo que estaba sucediendo. Ella, que lo sostuvo entre sus brazos, se supo sostenida por los de él. Aquel que creció en su vientre fue creciendo también en su corazón hasta abandonarse por completo en sus manos.

María, discípula desde Nazaret con su “hágase” firmado en blanco hasta el Gólgota donde firmaría otro cheque en blanco. Así nos incluía a todos en su “nómina” de madre. Madre universal. Esta sí que no deja a nadie atrás. Madre de todos. A quien nos encontremos podemos decirle: “ahí tienes a tu madre”.

No sé cómo nos verá. Debe contemplar con dolor cómo sus hijos nos distanciamos y seguimos manteniendo a tantos en la cruz de la pobreza, la injusticia y el desamor. Lo que quiere cualquier madre es que sus hijos se lleven bien, que ninguno pase necesidad, que ninguno falte en la mesa a la hora de comer…

Seguro que María podría hacer suyo ese “tengo sed” de su Hijo. Tengo sed de que os améis, de que viváis unidos, de que procuréis ser familia con todos. María, Madre de la Iglesia, ruega por nosotros.

¡Nos rezamos!

Fermín J. Negre Moreno

Sacerdote