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FERMÍN NEGRE. Comentario al Evangelio de hoy, sábado 6 de junio

Publicado: 01/06/2020: 51291

¿Me gusta que me hagan reverencias? ¿Y pasearme con mucho ropaje “eclesiástico-teológico” lleno de brillos que hagan notar mi presencia e importancia? ¿Busco los asientos de honor y los primeros puestos en cualquier evento religioso o civil?... Una respuesta afirmativa a estas preguntas daría el retrato perfecto de los escribas y fariseos de todos los tiempos.

Menos mal que la mirada de Jesús no es como la nuestra. Nosotros nos quedaríamos boquiabiertos con los millones ofrecidos por los más pudientes, aunque la procedencia de ese dinero fuera de fuentes desconocidas y turbias. Parece que a Jesús no le conmueve la gente que devora los bienes de las viudas ni sus oraciones de apariencia santa.

La mirada de Jesús se dirigió a una invisible. Él siempre veía donde los demás no miraban. Doblemente pobre. Ya sabemos que entre los pobres siempre las mujeres suelen ser las que sufren más. Datos objetivos, no ideología.

Jesús se queda impactado con la riqueza de esta mujer. Entre todos los que han ido esa mañana al templo la proclama como la más rica. No se ha guardado nada. Todo lo que tenía para vivir. Ha dado incluso lo que le quedaba. El corazón más grande entre toda aquella multitud del templo.

Confianza infinita. Entrega sin medida. Sin medias tintas. Confiar sin guardarse un as en la manga. Perderlo todo para ganarlo todo.

Se ganó la mirada y el aplauso de Jesús. En cambio, aquellos potentados mendigaban la mirada y el aplauso de los hombres. ¿Qué prefiero? ¿Qué quiero ganar yo en mi vida? ¿Para qué quiero ganar todo lo que este mundo me ofrece si pierdo lo más importante? Preguntas que surgen y que me sitúan.

¡Nos rezamos!

Fermín J. Negre Moreno

Sacerdote