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Prefirieron morir antes que abjurar de su fe

Publicado: 18/06/2017: 230

Un año más la ciudad de Málaga se ha volcado para honrar la memoria de dos jóvenes –Ciriaco y Paula- que vivieron en nuestra ciudad durante la época romana y prefirieron morir antes que abjurar de su fe.

Los santos Ciriaco y Paula, «nuestros Patronos cuya fiesta hoy celebramos, compartieron los sufrimientos de Cristo, aceptando en su carne la crueldad del martirio y dando sentido a su vida; con su gesto oblativo fueron purificados como oro en crisol y quedaron enriquecidos y aquilatados, adquiriendo más valor» así comenzaba D. Jesús Catalá su homilía en la Catedral de Málaga.

«Ellos nos animan a aceptar los sufrimientos que la vida nos depara y a encontrar el sentido verdadero de la misma. Todo tiene su sentido en Cristo. No hay por qué huir ni de la vida, ni del dolor. Sabiendo aceptar el sufrimiento, el hombre crece y madura; y eso lo puede hacer unido a los sufrimientos y a la vida en Cristo, como hicieron nuestros Patronos».

Pero el Sr. Obispo ha explicado que «no se trata de asumir con resignación humana el dolor, ni aguantarse porque no hay más remedio; sino de ofrecer con gozo la vida por el testimonio de Cristo: «Si os ultrajan por el nombre de Cristo, dichosos vosotros, porque el Espíritu de la gloria, el Espíritu de Dios, reposa sobre vosotros» (1Pe 4,14). El cristiano no debe avergonzarse de serlo; es más, si sufre por ser cristiano es una hermosa manera de dar gloria a Dios (cf. 1Pe 4,16). Pero nos cuesta aceptar que nos insulten, que nos desprecien, o que nos critiquen; pero si en vez de enfadarnos por esto, si lo supiéramos asumir, creceríamos como personas y haríamos bien incluso a quien nos hace el daño».

Además, durante su homilía ha recordado al “joven del monopatín” que falleció recientemente en Londres: «La sociedad en que vivimos nos invita a huir de las dificultades y a salvar la propia vida escapando de las situaciones embarazosas. Recientemente hemos visto un ejemplo de entrega de la propia vida por ayudar a otros; me refiero al joven español Ignacio Echeverría, “el joven del monopatín”. Nacido en El Ferrol, había cumplido 39 años y disfrutaba de un buen trabajo profesional; murió enfrentándose contra unos yihadistas, que estaban apuñalando a unas personas en Borough Market, junto al puente de Londres. Ignacio pertenecía a un grupo de Acción Católica de la parroquia de San Miguel en Las Rozas (Madrid).

Al igual que los apóstoles y nuestros patronos, los santos Ciriaco y Paula, que dieron testimonio de su fe con el martirio cruento, sigue habiendo cristianos hoy día que, en diversas partes del mundo, sufren martirio a causa del Evangelio y son encarcelados, asesinados o vituperados. Muchos fieles cristianos de nuestro tiempo continúan dando testimonio del Señor Jesús con mucho valor, arriesgando la pérdida de sus bienes y de la propia vida».

Lee aquí la homilía íntegra.

Beatriz Lafuente

Licenciada en Periodismo e Historia. Casada desde 2011, es madre de un hijo.

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