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FUERZA QUE CURABA. Comentario al evangelio de hoy, 28 de octubre

Publicado: 26/10/2020: 56564

RAFAEL PALACIOS LÓPEZ

El evangelio de hoy tiene dos detalles que nos tienen que llevar a meditar sobre ellos. El primero de ellos es que Jesús antes de elegir a los apóstoles pasó la noche en oración. Este detalle hace ver lo importante que somos para Él.

Pues el Señor nos ha llamado a la vida y eso ha supuesto una elección orante del Señor por cada uno de nosotros. Sabía que Judas lo traicionaría y aún así el Señor no rehusó a su llamada. Donde se demuestra que nuestra seguridad de éxito debe asentarse en la fidelidad de Dios sobre nosotros y no al revés.

Esto nos tiene que dar un gran aliento, pues el Señor ha pensado profundamente en cada uno de nosotros para llamarnos a la existencia. Muchas veces las contrariedades y los golpes en nuestra vida nos llevan a pensar que no somos importantes para la gente, y mucho más para aquellas personas que nos gustaría que nos tuvieran en consideración. Pero este evangelio nos lleva a una verdadera conversión del corazón. Somos tan importantes para Dios que le hemos supuesto una noche de oración con su padre para hacernos el regalo de la existencia.

El otro detalle es que de Él salía una fuerza que curaba a todos. Muchas veces no terminamos por curar nuestras heridas porque no queremos recibir esa fuerza. Nos apegamos tanto al camino que elegimos para ser felices, que nos resulta casi imposible pensar que el Señor poder darnos esa felicidad que anhelamos y esa transformación que necesitamos. Buscamos continuamente el apego a las demás personas a lo que consideramos nuestro éxito, y en cambio no sabemos hacer ese éxodo que tantas personas realizaron para oír y tocar el Señor. Y esto no es una realidad del pasado.

La realidad de que la palabra de Dios sana y que el toque del Señor transforma es algo para todos los cristianos a lo largo de la historia, no es sólo un acontecimiento que pudieron vivir los coetáneos del Señor. El problema es darnos cuenta de tan gran realidad y no temer seguir al Señor donde Él se encuentre. Donde Él quiera hablarnos al corazón. Muchas veces caerán todas nuestras seguridades y es una llamada de atención del Señor que nos dice: Oye ven a que yo te toque con mi fuerza, deja de buscar donde no hay curación. El problema es que no sabemos interpretar muchas veces esas señales donde el Señor nos deja sin apoyaduras humanas.

Ojalá sepamos sacar provecho en nuestra vida a estas dos realidades tan hermosas que hoy nos presenta el Evangelio.

Rafael Palacios López

Diócesis Málaga

@DiocesisMalaga