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La Resurrección de Jesús

Imagen del Resucitado de Málaga // ARCINIEGA
Publicado: 17/04/2019: 1197

¿Qué celebramos en la Pascua de Resurrección?

El subdirector de los Centros Teológicos de la Diócesis de Málaga Pedro Leiva profundiza en la Pascua de Resurrección: «Al hablar de la Resurrección de Jesús tenemos que considerar, en primer lugar, su importancia dentro de la fe. Es, sin duda, el misterio más importante. Esto lo observaba ya san Pablo al decir: "Si Cristo no resucitó, vana es nuestra predicación, vana también vuestra fe" (1 Co 15, 14). Todo el edificio de la fe cristiana se sostiene sobre la Resurrección»

Sin la Resurrección, el mensaje del Reino no pasaría de ser una utopía más, no habría verdadera redención, no habría esperanza definitiva, como dice Benedicto XVI: «estaríamos abandonados a nuestro límite».

Pero todo el Nuevo Testamento testimonia un hecho: la Resurrección de Cristo. Primero, en breves confesiones de fe en las que se dice que Cristo ha muerto por nosotros y ha resucitado. De una manera más extensa, en la predicación misionera en el libro de los Hechos se añade que esto significa que Dios ha cumplido sus antiguas promesas, y que el hecho es tan crucial que hay que tomar postura ante él. Finalmente, de forma narrativa, en los evangelios se da testimonio de los primeros encuentros con el Resucitado. En el formato «encuentros» también habría que añadir la experiencia de Pablo.

El Catecismo enseña que se trata de un acontecimiento a la vez histórico y trascendente (cf. CEC, 639-647). Es un hecho trascendente, pues las experiencias que aquellos primeros testigos tienen del Resucitado son revelaciones del que está ya más allá del espacio y del tiempo y, por tanto, sobrepasa la dimensión histórica. Pero es también un hecho histórico en cuanto que tiene efectos en la historia por el sepulcro vacío y los encuentros con los discípulos.

Invariablemente, todos los testimonios indican que Jesús se dio a ver a sus discípulos, transformando completamente sus vidas para siempre. El efecto no solo fue su visión, sino el impacto que causó en ellos. Los evangelios no nos ocultan su incredulidad y asombro inicial. Por eso, no nos es posible pensar que la Resurrección es un producto de su fe. Sucedió, más bien al contrario: la experiencia real del Resucitado fue la causa de su fe. Tampoco nos ocultan los textos del Nuevo Testamento que aquellos hombres no habían sido capaces de estar al lado de Jesús en el momento crucial, no nos ocultan su miedo y cobardía. Sin embargo, la experiencia del Resucitado les trasformó en testigos capaces de dar la vida por anunciar el Evangelio.

Por tanto, la Resurrección no es, como algunos han pensado, la permanencia en el recuerdo de los suyos. No, la Resurrección ha sucedido a Cristo, no en la mente de los discípulos. Cristo vive realmente.

La Resurrección permite ahora descubrir quién es Él. La comprensión de su persona durante la vida pública había sido limitada, sus discípulos le seguían, pero no alcanzaban a comprender su identidad última. Intuían un profundo misterio en Él: «¿quién es éste?». Pero solo la Resurrección desvelará que se trata del Hijo de Dios, que ha venido en carne, que ha dado la vida por nosotros y que ha vencido la muerte para que tengamos vida. Ya nada será igual. A la luz de la Resurrección todo ha cambiado de significado: vida, muerte, futuro… Verdaderamente Dios está con nosotros.

Diócesis Málaga

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