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Rito de Elección de los Catecúmenos (Catedral-Málaga)

Publicado: 21/02/2021: 928

Homilía del Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en el Rito de Elección de los Catecúmenos celebrado en la Catedral de Málaga el 21 de febrero de 2021.

RITO DE ELECCIÓN DE LOS CATECÚMENOS

(Catedral-Málaga, 21 febrero 2021)

Lecturas: Gn 9, 8-15; Sal 24, 4-9; 1 Pe 3, 18-22; Mc 1, 12-15.

(Domingo Cuaresma I -B)

1.- En este primer domingo de Cuaresma celebramos el rito de la «elección» o «inscripción del nombre» de los catecúmenos, a quienes hemos recibido en la puerta del templo al comenzar la celebración (cf. Ritual de la Iniciación Cristiana de Adultos [RICA], n. 133-142).

Oído el testimonio de los padrinos y de los catequistas, los catecúmenos reafirman su voluntad libre de prepararse de manera más inmediata durante la cuaresma para recibir los sacramentos pascuales de la iniciación cristiana.

Con esta ceremonia concluís el catecumenado, caracterizado por un largo aprendizaje y conversión de la mente y del corazón a Jesucristo y os comprometéis a seguirle con mayor empeño.

Los padrinos comenzáis a ejercitar públicamente vuestro oficio y los acompañaréis en la Vigilia pascual, quedando unidos con ellos para siempre por un vínculo de fraternidad; entre vosotros habrá una relación espiritual especial.

El obispo, en nombre de Cristo y de la Iglesia, admite a los «elegidos» y os exhorta a responder gozosamente a la llamada de la Iglesia y a vivir este camino cuaresmal como preparación inmediata de las solemnidades pascuales.

2.- Hemos escuchado en el libro del Génesis que Dios hizo un pacto con Noé, a quien salvó del diluvio (cf. Gn 9, 9.11). Ser salvado de las aguas significa la salvación por el bautismo, como recuerda san Pedro: aquello «era también un símbolo del bautismo que actualmente os está salvando» (1 Pe 3, 21). Al igual que el agua tiene la virtud de limpiar, las aguas bautismales limpian y purifican; pero no de manera física, sino espiritual.

El bautismo es el comienzo de una vida nueva, que implica un proceso de conversión y conduce a la salvación. Jesús dijo a sus discípulos: «Id al mundo entero y proclamad el Evangelio a toda la creación. El que crea y sea bautizado se salvará» (Mc 16,15-16).

Queridos catecúmenos, habéis sido llamados por el Señor a la vida nueva que os proporcionará el bautismo; os convertiréis en hijos adoptivos de Dios; seréis purificados y sanados por las aguas bautismales.

El Señor hará una alianza de amor con vosotros, que responderéis con un compromiso de fidelidad. Dios es siempre fiel a sus promesas, a su palabra, a su amor y a su alianza; a nosotros nos toca corresponder gozosa y libremente a su amor. Estáis llamados a vivir un proceso de amor esponsal con Dios. Por todo ello damos gracias.

3.- El evangelista Marcos nos dice que Jesús fue al desierto empujado por el Espíritu; y allí soportó las tentaciones (cf. Mc 1, 12-13); pero no las describe.

Tres palabras nos ayudan ayudar a entender el texto evangélico de hoy: desierto, tentación y llamada. El desierto implica apartarse de la vida cotidiana, retirarse de la actividad social, desprenderse de muchas cosas que no son necesarias, vivir con lo esencial renunciando a lo superfluo, entrar en la propia intimidad, hacer silencio y estar a la escucha de Dios.

El desierto fue la experiencia del antiguo pueblo de Israel al salir de Egipto, donde Dios fue purificando su corazón y su fe para que viviera dependiente solo de Él. Es la experiencia profundamente humana de Jesús, que vive solo del diálogo con su Padre.

El Señor nos invita a hacer “desierto” para disponer nuestro corazón a su Palabra, para purificar nuestra alma de las adherencias y del lastre que nos impide seguir a Jesús.

En este camino la Iglesia nos invita a renunciar a muchas cosas, que no son necesarias o que van en contra de lo que nos pide el Señor; no se trata de una renuncia negativa, sino desprenderse de algo por un bien mayor. Todo el mundo es capaz de renunciar a ciertos alimentos por cuidar su salud.

4.- Retirado Jesús en el desierto sufrió las tentaciones del diablo. El poder, la gloria y las necesidades básicas son tentaciones que acechan siempre al hombre; los pecados capitales son siempre una tentación. Jesús sufrió las tentaciones y las venció. La culminación de estas tentaciones vendría al final de su vida en la cruz: «Dios mío, Dios mío, ¿por qué me has abandonado?» (Mt 27, 46); ésta fue la tentación más fuerte que tuvo que sufrir Jesús.

Nosotros somos invitados a vivir nuestro desierto unidos al de Jesucristo y combatir con él las tentaciones, que siempre tienen la misma raíz: buscar el bien propio descartando a los demás, optar por lo fácil y con el menor esfuerzo, huir de lo que nos pesa, desear el goce personal a cualquier precio, buscar el goce inmediato, aunque después uno se quede más vacío que antes.

Unidos al Señor, que venció todas las tentaciones, también nosotros podemos vencer la tentación sin sucumbir al pecado con su fuerza y con su presencia. En la oración del “Padrenuestro” le pedimos a Dios que “no nos deje caer en la tentación”.

5. Después que Jesús fue tentado «marchó a Galilea a proclamar el Evangelio de Dios» (Mc 1, 14). Comienza su vida pública anunciando la buena nueva del Reino: «Se ha cumplido el tiempo y está cerca el reino de Dios» (Mc 1, 15). La misión por la que Jesús ha venido al mundo es anunciar la salvación al hombre e invitarlo a participar del reino del cielo, que se manifiesta en su persona; es el reino del amor de Dios entre los hombres.

Caminando con Jesús en esta cuaresma podemos oír su llamada: «Convertíos y creed en el Evangelio» (Mc 1, 15). Merece la pena creer en esta gran noticia; vale la pena convertirse a Dios abandonando los ídolos; merece la pena cambiar el modo de pensar, para ser más felices; vale la pena cambiar la manera de vivir, uniéndonos a Jesús que nos llama.

Queridos catecúmenos, estáis llamados por el Señor que os ha invitado a seguirle. Vuestro corazón ha sido iluminado por su presencia y por su amor. Hoy manifestáis ante la Iglesia vuestra voluntad de seguir a Cristo, como Dios y Señor.

¡Que el Espíritu, que empujó a Jesús al desierto, y estuvo con Él para vencer las tentaciones, os acompañe en el proceso personal de conversión y en el camino cuaresmal hacia la Pascua! Y a todos nosotros, que hemos iniciado la Cuaresma, nos prepare para renovar las promesas bautismales.

Pedimos al Señor que nos mantenga unidos a Él; y a la Santísima Virgen María que nos acompañe en este camino cuaresmal. Amén.

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