\"Venid a descansar en mi amor\"

Lectio Divina, por el vicario de la Promoción de la Fe y párroco de San Juan Baustista de Málaga, Antonio Collado

Lectura (Lectio)
El texto de este domingo ha sido calificado como “la perla” del Evangelio de Mateo. Jesús agradece al Padre que se haya manifestado a la gente sencilla y se vuelve hacia quienes padecen la carga del legalismo para ofrecerles la liberación. Leo con atención.

Meditación (Meditatio)
Jesús y su mensaje suscitaron distintas reacciones entre sus contemporáneos. Aunque fue un mensaje dirigido a todos, sólo los sencillos supieron acoger la palabra de salvación. Por eso, Jesús alaba al Padre, que siendo “Señor del cielo y de la tierra” no se ha revelado a los “sabios y entendidos” sino a los “sencillos”. Una vez más, la lógica de Dios no sigue los razonamientos humanos y las cosas del Reino no siempre son transparentes para los más preparados. En el v. 27 Jesús revela por qué puede comprender los designios de Dios e identificarse con ellos. él es el Hijo, el único que conoce de verdad al Padre. Con una hermosa y evocadora incitación, Jesús convoca a cuantos están dispuestos a acoger la Buena Noticia: “Venid a mí”. Es una propuesta dirigida a los “fatigados y agobiados”, es decir, a quienes viven oprimidos por los numerosos preceptos que letrados y fariseos consideraban necesarios para cumplir la ley de Moisés. Solían decir que el hombre debía comprometerse con la ley como un esclavo con su trabajo. Jesús tiene duras palabras para ellos. Les dirá que se preocupan más de las normas que de las personas (Mt 12, 1-14); que descuidan lo importante la justicia, la misericordia y la fe (Mt 23, 23); que ni entran en el Reino ni dejan entrar en él (Mt 23,13). Frente a los mandamientos convertidos en yugo esclavizante, Jesús promete el descanso y anima a cargar con su propio yugo. Aparentemente hay una contradicción pero la realidad es diferente, porque Jesús no viene a abolir la ley (Mt 5-7) incluso exige más que los letrados y fariseos pero el yugo de Jesús es suave y ligero porque libera de las cargas pesadas que son los preceptos insignificantes y reclama sólo lo verdaderamente importante. Sobre todo porque su propuesta no puede ser impuesta por la fuerza, sino que debe brotar libremente del corazón (Mt 6,33).

Oración (oratio) 
¿Cuál es el rostro de Dios que se me revela en el pasaje de hoy? ¿Cómo me interpela este Evangelio en lo que respecta a mi relación personal con Jesús? Me abro al diálogo personal con el Señor.

Contemplación (contemplatio)
Con un corazón sencillo y abierto percibo la presencia callada y misteriosa del Señor en mi vida, presencia que no sigue la lógica humana. Desde el silencio, contemplo.

Compromiso (actio)
¿Fui educado en una religiosidad basada en el cumplimiento? Si es así, ¿qué me sugiere este relato evangélico?