«Ayudar a las personas más que a las ideas», así se expresaba el Papa en su primer discurso a los cubanos. La frase ha dado la vuelta a Europa con todo tipo de puntos de vista. Personas e ideas.
Nuestro mundo, dominado por la inquietud del vacío, parece moverse en sentido contrario. Estamos inmersos en la novedad; deseamos alternativas aunque no sepamos a qué. El horizonte está invadido por mil ideas supuestamente nuevas que conducen al mismo sitio; parecemos condenados a “volver a empezar” SÍ; las ideas y, con ellas el deseo de innovación, aparecen por todas partes pero se volatilizan al ritmo desenfrenado de esta Historia universal que conduce Occidente. Los paraísos se centran en una tarde de futbol. El mejor pensamiento es aquel que no necesita ser pensado. Es que no pensamos, nos piensa el lenguaje persuasivo omnipresente. El lenguaje persuasivo es aquel que nos enseña a ir, a vestir, a soñar; ¡a ¡vivir!
Ahí fuera vocea un mundo primitivo, sin ideas porque la perentoriedad de sobrevivir no le deja tiempo para nada. Nos reclama la parte de patrimonio que les robamos cuando éramos sus supuestos benefactores. Se han desbordado y no sabemos cómo contenerlos. Algunos han tenido la idea de recibirlos con gas pimienta. El gas pimienta…¡Qué más da, hombre, qué más da !
Seguimos con la fertilidad de nuestras ideas pero el Papa prefiere dedicarse a las personas. Son las personas quienes producen ideas. No al revés. Algo parecido ocurrió con el señor Jesús.
Verán, un judío importante, un destacado en su entorno social, fue a verle de noche. Es que, como era tan importante, no quería que le vieran, digamos con un “fuera de la elite” . En fin, fue y empezó a contarle al Maestro sus ideas. No había hecho más que empezar, cuando el Señor le dijo: mira si no vuelves a nacer no puedes entrar en el Reino del Cielo. Lo pueden leer en el Evangelio de San Juan, capitulo tres.
¡Qué cosa; volver a nacer! Bueno, pues en esta aseveración está el núcleo de todo el jeroglífico. Y cuando llega al corazón de los hombres aparecen nuevas ideas. Ideas distintas.
Nosotros, los cristianos, estamos llamados al compañerismo fraternal con o sin intercambio de ideas. Es que las ideas, hombre, se repiten mucho y, por lo general, no conducen más que al círculo vicioso del egoísmo.
