No hay día que no nos acostemos con un mala noticia, el atentado de Niza, el golpe de estado de Turquía, el asesinato de los policías en Baton Rouge etc etc. Los seres humanos no solo hemos perdido el Norte, como coloquialmente decimos, hemos perdido los cuatro puntos cardinales.

Y todo ello ¿porque? sencillamente porque estamos prescindiendo de Dios, lo estamos alejando de nuestras  vidas, unos por autosuficiencia,otros por creer que en el nombre de Dios (Alá) se pueden cometer esas atrocidades. Unos y otros nos equivocamos si con nuestra actitud distorsionamos el mensaje de Dios, que no es otro que el amor a los demás y el servicio al prójimo.

La meditación que leí hace unos días nos viene como anillo al dedo.

El afán desmedido de nuestro mundo  por la libertad ha hecho que en muchos ambientes se vaya rechazando, ya por sistema, la autoridad; y esto no puede ser.

Se quiere desorbitar el campo legítimo y sagrado de la libertad personal, hasta provocar un desequilibrio funesto, convertido en claro ataque contra la autoridad, que rige y tutela el orden y el bien común.
Y en su lugar se da rienda suelta al libertinaje, que engendra el caos y la confusión, propios de la rebeldía perturbadora; la desobediencia ha colmado sus audacias, quizás también por la timidez de ciertos elementos dirigentes en cortar abusos, injusticias y escándalos de muy diversa índole.
La autoridad ha de ser mantenida, acatada y respetada por todos, pues sin ella la sociedad perdería su razón de ser y se desintegraría. La autoridad viene de Dios.

Yo añado, mal vamos si creemos que podemos prescindir de El que nos regalo el ser, para que disfrutáramos de toda su creación y no para que la destruyamos. Dios vio que todo lo que había hecho era bueno. ¿Que hacemos nosotros?