He leído en alguna parte (creo que al maestro Alcántara), que las consecuencias de una guerra civil duran, por lo menos, cien años.

No tengo más remedio que darle la razón al autor de la frase. Posiblemente por culpa de los integrantes del segmento de plata, aquellos que tenemos más presente la época de la posguerra; que tiramos de recuerdos y de conversaciones escuchadas soto voce en nuestra infancia, en los que se comentaba la guerra incivil con odio y revanchismo. Sin darnos cuenta los hacemos nuestros.

De eso han pasado ya casi setenta años. No sé quien, o sí lo sé, está interesado en sacar a la luz aquella situación trasladándola a la época actual. Los tiempos y las ideas han cambiado. Sigue habiendo pobres y ricos, explotadores y explotados, dirigentes y dirigidos. Unas diferencias menores, pero visibles. Lo que pasa es que nosotros, los pertenecientes al “segmento de plata”, hemos debido aprender de los errores pasados. Digo hemos debido… pero la realidad es otra.

El domingo estaba en un pueblo malagueño. En un momento determinado y solemne, un hombre de unos ochenta años manifestó públicamente su deseo de que los corruptos y estafadores políticos que están saliendo a la luz, devolvieran al erario público cuanto han robado. Todo el mundo asintió ante su propuesta. Pero no quedó así. A renglón seguido tiró del odio ancestral. Aquello no era boca. Vaya tela. Después me explicaron que en los pequeños núcleos, urbanos o rurales, siguen mirándose con rencor los descendientes de uno y otro bando.

Esto lo tenemos que cortar los mayores. Somos los únicos que podemos poner las cosas en su sitio transmitiendo paz y concordia. Tenemos que conseguir hablar de adversarios, no de enemigos; respetar a los que no piensan o creen como nosotros y procurar poner paz, en vez de caldear el ambiente.

Que no haga falta llegar a esos cien años para llegar a la completa reconciliación. Como sigamos así vamos a tener que empezar a contar de nuevo. La cosa esta que arde. San Francisco dixit:

Hazme un instrumento de tu paz
Donde haya odio yo lleve amor