Cada vez menos, gracias a Dios, nos referimos a alguien denominándola como “la mujer de…”
Posiblemente este hecho se debía a que los hombres de la posguerra participábamos más en la vida pública y nos movíamos de forma presencial fuera de la casa; mientras, las mujeres desempeñaban el trabajo de criar a los hijos, administrar y regir los hogares, así como procurar la salud y el bienestar de toda la familia.
Los hombres asumíamos el rol profesional y de búsqueda del sustento económico familiar. Por eso se hablaba más de la mujer de… que del marido de… (Por cierto, ahora descubrimos nuestra senectud cuando se nos califica como el padre de…).
Esta situación era aparente y realmente engañosa. Siempre se ha dicho que detrás de un hombre importante, de un hombre de éxito, o de un varón que ha aportado valores a la sociedad, se ha encontrado una gran mujer. Esa bendita que anima, apoya y complementa –quizás desde el silencio- el trabajo de cualquier perteneciente al género masculino capaz de mejorar su entorno.
Esta reflexión ha venido a mi mente asistiendo al funeral de ISABEL LEDESMA, que como tantas otras grandes mujeres, la hemos conocido por su nombre y la referencia al apellido de su marido (JUAN PETESA), fallecido ya hace más de veinte años y que dejó el legado de la residencia para ancianos en Churriana que lleva su nombre y la presidencia del movimiento de Vida Ascendente que trajo a Málaga.
ISABEL (Petesa) fue la gran mujer que sirvió como bastón, estímulo y fortaleza de su marido durante la larga enfermedad que Juan sufrió a pulso, sin dejar su actividad de ayuda a los ancianos. Después, ha seguido en ese silencio ejemplar para los que la hemos conocido. Tan solo brillaron sus ojos el día que pusieron la placa que da el nombre de Juan a una plaza de la barriada de Churriana. Demos muchas gracias a Dios por tantas mujer de… que hacen posible el brillo de sus maridos sin reconocimiento ni apariciones en la vida pública.
Gracias a Dios se ha perdido ya esa costumbre. La mujer se mueve ya en todos los campos de la sociedad y se la conoce por su propiedad realidad vital.
