«Felices los que trabajan por la paz, porque serán llamados hijos de Dios». No basta con ser pacifico; es preciso trabajar por la paz entre los hombres, en el mundo entero.
Trabajar por la paz es establecer aquellas condiciones de vida que hagan a cada hombre feliz, seguro de si mismo y de su porvenir; trabajar por la paz es suavizar relaciones humanas, solucionar problemas, hacerse entender por todos y con todos, crear a nuestro alrededor un clima de compresión, dar a cada uno lo suyo, respetando el derecho de todos.
Los que trabajan por la paz entre los hombres serán llamados hijos de Dios porque Dios es el Dios de la paz y no de la guerra, el Dios del amor y no del odio. Ser llamado hijo de Dios será participar de la misma naturaleza; será llegar a ser santo de verdad, a elevarse sobre la misma humana naturaleza.
Realmente vale la pena ser hijo de Dios, y a ello podremos llegar, según promesa de la bienaventuranza, trabajando por la paz.
Preciosa reflexión, que nos da que pensar, si verdaderamente estamos haciendo lo correcto en nuestro entorno, si creamos un clima de paz o de tensión.Eso en cuanto a nivel personal, porque a nivel mundial, para nada se trabaja por la paz, todo lo contrario; Los grandes países trabajan por ser y tener mas que su contrario, pero mas, en cuanto armamento y demostración de poder. A ver quien es mas poderoso, quien tiene el misil de mas largo alcance, o la bomba de destrucción masiva mas potente. en definitiva trabajan para la guerra.
«Poderoso caballero es don dinero». Cuánto bien a la humanidad se podría hacer, si en lugar de tanto derroche armamentístico ese dinero se empleara de común acuerdo en el desarrollo de los países menos adelantados, y cuantas miles de muertes se evitarían.
Esto se que es una utopía, pues mientras halla esa lucha de poder y meter miedo al contrario, aquí se seguirá trabajando para la guerra.
Por eso a nivel personal, es nuestra obligación al menos, crear paz en nuestro entorno.
