Como indica el Ritual de Exequias en su número 52, en un entierro, la intervención final del familiar no puede ser, aún menos la homilía, para hacer elogios fúnebres, o exposiciones retóricas y alabanzas de las virtudes del difunto: «En este momento –no en la homilía, que debe ser siempre un comentario a los textos bíblicos o eucológicos- es lícito y puede ser oportuno hacer una breve biografía del difunto, excluido en todo caso el género literario de “elogio fúnebre”, se puede aludir al testimonio cristiano de la vida del difunto, si éste constituye motivo de edificación y de acción de gracias a Dios».
