Queridos diocesanos:
El domingo, 23 de Mayo, la Iglesia celebra la Jornada Mundial de Comunicaciones Sociales. Con tal motivo Su Santidad el Papa Juan Pablo II nos invita a reflexionar sobre los Medios de Comunicación y la importante realidad social de los ciudadanos que forman el grupo que venimos llamando de «la Tercera Edad».
Vistos desde la fe, los ancianos son importantes por lo que son en sí mismos, como personas, y por la ayuda que nos ofrecen a través de la oración y de su consuelo.
En la Sagrada Escritura encontramos muchos pasajes por los que se nos estimula a valorar la ancianidad. Así, por ejemplo, leemos en el libro del Eclesiástico: «la corona de los ancianos es su mucha experiencia» (Ec 25, 6). Y en el Nuevo Testamento se nos dice: «jóvenes, sed, sumisos a los ancianos; revestíos de toda humildad en vuestras relaciones…” (1 P. 5, 5).
Debemos respetar, valorar y servir a nuestros mayores porque ellos nos han abierto camino en la vida, acumulando sobre sus espaldas trabajos y sacrificios que benefician a toda la humanidad. Además, cada anciano es una síntesis de experiencia a la que debemos recurrir para orientarnos.
Una sociedad que no valora a los ancianos y llega a marginarlos como personas poco útiles, es una sociedad que, tarde o temprano, sucumbirá en su mismo orgullo y suficiencia.
Conviene, pues, preguntarnos: ¿Qué lugar ocupan hoy las personas de la Tercera Edad entre nosotros?
Debemos reconocer y agradecer que, debido a los esfuerzos de muchos ciudadanos, nuestra sociedad respeta y valora a los ancianos mucho más que antes. Cabe destacar aquí la dedicación ejemplar con que muchas religiosas han consagrado sus vidas al servicio de los ancianos, para quienes han fundado y mantienen, con gran sacrificio, residencias y hogares.
Tampoco podemos olvidar lo que la sociedad española, a través de la Seguridad Social y otras Entidades particulares, está haciendo a favor de los ancianos poniendo a su servicio Residencias de Pensionistas y Hogares de Jubilados. Pero, sobre todo, conviene destacar de una manera especial el respeto y cariño con que tantos hijos y nietos cuidan, en sus mismos hogares, a sus padres y abuelos respectivamente.
A pesar de todo, nos queda mucho por hacer. Y en este aspecto deben ayudarnos los Medios de Comunicación Social a través de los Diarios, Revistas, Radio, Televisión y Cine.
Algunos sociólogos han detectado el escaso relieve y poco espacio que los Medios de Comunicación dedican a los ciudadanos de la Tercera Edad. Sería lamentable que esto fuera debido a que ellos son «poco rentables» en el trabajo o en la política, debido a sus escasas posibilidades físicas o a su reducida influencia.
Los Medios de Comunicación Social deben seguir en el camino iniciado ya hace algunos años para concienciarnos y estimularnos a fin de conjugar esfuerzos de manera que los ciudadanos de la Tercera Edad ocupen en las familias y en las residencias creadas para ellos el lugar digno que les corresponde. Así la sociedad les manifestará una gratitud efectiva.
Si todo lo que hacemos con amor y desinterés a favor de cualquier persona, en cierto sentido se lo hacemos al mismo Dios, esto es todavía más real cuando se trata de los ancianos. En sus fuerzas desgastadas por nosotros, se manifiesta el amor que Dios nos ha tenido; y en los servicios que les hacemos, correspondemos a lo que hemos recibido.
Málaga, Mayo de 1982.
