Cada vez siento más admiración por las madres. Por las que han renunciado a su trabajo para cuidar de sus hijos pequeños, y por las que trabajan también fuera del hogar por los motivos que, con frecuencia, sólo ellas conocen. Hace unos días le oí decir a una de estas madres que se le rompe el corazón cuando deja a sus hijos en la guardería, por la mañana temprano. Supongo que con el tiempo se acostumbrará, pero tiene que ser duro dejarlos en otras manos, especialmente cuando los niños, quizá bebés, no se encuentran bien.