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Confirmaciones en la parroquia de la Inmaculada Concepción (Sierra de Yeguas)

Publicado: 26/10/2013: 129

Homilía pronunciada por el Obispo de Málaga, D. Jesús Catalá, en la celebración de Confirmaciones en la parroquia de la Inmaculada Concepción (Sierra de Yeguas) el 26 de octubre de 2013.

CONFIRMACIONES

EN LA PARROQUIA DE LA INMACULADA CONCEPCIÓN

(Sierra de Yeguas, 26 octubre 2013)

 

Lecturas: Sab 35,12-14.16-18; Sal 33; 2Tim 4, 6-8.16-18; Lc 18,9-14.

1.- Hemos escuchado una carta del Apóstol Pablo a un amigo y discípulo suyo llamado Timoteo. Cuando ya Pablo se encuentra al final de su vida, después de que ha vivido muchos avatares, ha pasado muchas dificultades, ha predicado el Evangelio, ha sido perseguido, se ha salvado de muchos zafarranchos a punto de matarle, ha sufrido azotes, cárceles, naufragios, ya viendo la muerte cercana, porque está preso y van a decapitarlo, en esa carta le dice a este amigo una frase que tiene tres aspectos que son lapidarios.

Dice a Timoteo: «1) He combatido el noble combate, 2) he acabado la carrera, 3) he conservado la fe» (2Tim 4, 7). Esas tres cosas las dice Pablo después de todo ese largo proceso de su fe y de su amor a Jesucristo, habiendo demostrado en cada momento que era fiel. ¿Podríais decir lo mismo vosotros que no estáis condenados a muerte?

2.- En el momento actual de vuestra carrera, y no me refiero profesional, es decir, en este momento de vuestra vida, ¿podríais decir como Pablo: “el combate lo he llevado adelante como un buen gladiador”? ¿Contra qué o contra quién habéis combatido? ¿Cuáles son vuestros enemigos? Si Pablo habla de combate debe haber un contrincante enfrente, ¿no?

¿Contra quién había luchado Pablo? Pablo luchó no en la arena, había luchado contra el maligno, contra un ser que existe, que se llama diablo, que tiene muchas formas de manifestarse y de expresarse: en forma de tentación, en forma de pinchar, en forma de… de mil maneras.

¿Habéis vivido algún combate o, tal vez, os resulta facilísimo vivir la fe y ser cristianos? No habéis tenido aún ningún disgusto, nadie os ha insultado por ser cristianos, sois bien comprendidos, sois bien amados, todo funciona sobre ruedas, todo es una maravilla, una felicidad, y ser cristiano no es difícil. ¿Qué decís? ¿Es fácil o difícil?

3.- El diablo tienta de muchas maneras. Hay gente que no cree y, encima, no nos quiere dejar creer. Se habla mucho de democracia y de libertad, pero después los que no están de acuerdo combaten a los que piensan de forma distinta; y los no creyentes ponen trabas a los creyentes; ¡pues dejadles! Si uno quiere expresar su fe y su amor, si va a misa, ¡déjalo vivir la fe!

Hay un combate que todo cristiano libra contra las fuerzas del mal. Se puede manifestar de muchas maneras. Hay un proceso de camino que recorrer, hay una carrera que recorrer, como Pablo, y hay gente que se queda en la cuneta y renuncia a correr, renuncia a seguir siendo cristiano.

Esta tarde vais a recibir el don del Espíritu Santo para, precisamente, seguir combatiendo bien el combate contra el mal, contra el pecado, contra el egoísmo. Poned aquí los siete pecados capitales: la pereza, el alejamiento de Dios, todo.

Hay que seguir caminando en esta vida, hay que seguir llegando hasta el final, sin quedarme atrás, sin renunciar al camino o sin quedarme sentado en la cuneta.

4.- Y la tercera idea que decía Pablo: «He mantenido la fe» (2Tim 4, 7c). Hay gente, ahora hablo más de estudiantes, aunque también en el mundo del trabajo, que durante su niñez han creído, han practicado la fe con sus familias cristianas, han tomado la llamada “primera” comunión, para algunos la última también, se han confirmado, han ido al Instituto, han ido a la Universidad y, allí, han perdido la fe. No han sabido contrarrestar el envite, el golpe.

El don del Espíritu Santo os va a fortalecer precisamente para esto. Sois los confirmandos, los confirmados del Año de la Fe, que va a terminar dentro de un mes. Es significativo que os confirméis en el Año de la Fe, para que seáis buenos testigos de la fe.

5.- Hace dos domingos, en Tarragona, como bien sabéis, se beatificaron quinientos veintidós mártires que murieron por la fe en Jesucristo, entre los años 35 y 37. La persecución religiosa no se identifica con la Guerra Civil, eso es otra cosa. La persecución religiosa comienza en España en el año 1931; por tanto, al inicio de la Segunda República, y era por odio a la fe. La ciudad de Málaga, en mayo de 1931, sufrió la quema de más de cincuenta iglesias, monasterios y conventos, por odio a la fe.

El maligno estuvo encarnado en unos pobres ignorantes a quienes se les había comido el coco, diciendo que la Iglesia era la responsable de todos los males que tenía España, es decir, la culpa era de los curas, los frailes y los cristianos católicos.

Espero que eso no vuelva a repetirse. Pero tened en cuenta que el siglo XX, dos mil años después de Jesucristo, dicho por el Papa, ha sido el siglo de mayor persecución contra los cristianos. El sesenta y tanto por ciento, dos terceras partes de todos los mártires de los veinte siglos, dos terceras partes, murieron en el siglo XX. Esto es escalofriante.

6.- Y voy a daros otro dato, y no para asustaros, sino para que estéis firmes en la fe: Cada año, con estadísticas de una institución objetiva, muere por la fe en torno a cien mil cristianos en el mundo. En este año 2013, que ya está terminando, habrá ya unos noventa mil muertos; pues aún faltan diez mil. Esto ocurre en muchos países donde el cristianismo es perseguido. Parece que os estoy poniendo las cosas un poco negras, ¿verdad? Pues no las pongo negras, son así.

Y esto ocurre desde los tiempos de Pablo, que murió decapitado poco después de escribir esta carta, que nos anima a los cristianos del siglo XXI a mantenernos firmes, a dar testimonio, a combatir el combate, a seguir la carrera que nos toca y a mantener la fe.

Para eso no son suficientes nuestras fuerzas. Que nadie piense que esta tarde va a profesar la fe de manera subjetiva y que eso es lo que vale. Eso es lo que se ha dicho en las catequesis de estas últimas décadas: que la confirmación es la reafirmación subjetiva de la fe. También lo es el bautismo, y también lo es todos los domingos cuando rezamos el credo.

7.- La confirmación, igual que el bautismo, es el sacramento del don de Dios, de la gracia de Dios que se nos regala. En la monición de entrada, se nos ha hecho referencia a la fe recibida en el bautismo. Pues ahora vais a recibir el don del Espíritu en mayor plenitud que el bautismo. Pero, fundamentalmente, la confirmación es el regalo del Espíritu que Dios quiere darnos, que Jesucristo nos envía para ser buenos testigos, y que sin esa fuerza no podemos ser cristianos.

Por tanto, os felicito por el regalo que vais a recibir. Ahora bien, es un regalo que implica un compromiso. No es un regalo para tenerlo guardado, sino para cuidarlo, conservarlo y promoverlo. Pero, sobre todo, es un don que se os va a regalar. Ese don lo significaréis, después, cuando encendáis las velas que lleváis ahora apagadas en las manos; las encenderéis del Cirio Pascual, que es la luz de la fe que recibisteis en el bautismo y que ahora os toca mantener en las manos siendo testigos donde estéis: en casa, entre los amigos, en la calle, en el instituto, en la Universidad, en el trabajo, en la familia, donde estéis.

No se puede ser cristiano de puertas adentro de las iglesias. Aquí venimos a celebrar la fe, a pedir fuerzas a Dios, a pedirle perdón y ayuda, pero hemos de vivir la fe de puertas afuera y, para eso, se os va a regalar el don del Espíritu.

8.- En el Evangelio de hoy, Jesús ha explicado mediante una parábola dos actitudes de cómo situarse ante Dios: una, la del fariseo. El fariseo es el que conoce la ley, el leguleyo; piensa que cumpliéndola está todo hecho, que se justifica por cumplirla sencillamente, por hacer las cosas que dice la ley, y que con eso se gana, se canjea el favor de Dios. Su mentalidad es: “yo compro a Dios cumpliendo la ley”.

Pero su razonamiento falla por dos razones: primero, porque nadie cumple la ley perfectamente. A ver, ¿cuántos mandamientos hay de la Ley de Dios? (Respuesta de un confirmando: “Diez”). ¿Los cumplís todos? ¿Todos a pies juntillas? A mí me toca confesarme de vez en cuando, porque no los cumplo. El que los cumpla todos que levante la mano. ¡Uy, pues no veo muchas manos levantadas!

Primera razón. El fariseo es un orgulloso que cree que cumple la ley, pero es que tampoco la cumple.

Y segunda razón: “tú no negocias con Dios, con Dios no se negocia”. Dios te regala el perdón, Dios te regala su Espíritu, Dios te regala la fe, el amor y la esperanza. No te la ganas tú.

9.- Igual habréis oído a nuestros padres con buena fe, o a los catequistas, o a un sacerdote incluso, decir que “hay que ganarse el cielo”. ¿Lo habéis oído alguna vez? El cielo no se lo gana nadie. El cielo nos lo ha ganado Jesucristo ofreciéndose en la cruz. El cielo está ya ganado por Cristo. Falta que nosotros lo recibamos.

Veo que habéis puesto sobre el Espíritu Santo los siete dones y en la primera de mi izquierda pone “Santificador”. El Espíritu nos hace santos, el Espíritu de Jesús nos hace santos, Él nos hace santos. No nos hacemos santos nosotros cumpliendo, porque no cumplimos. Por tanto, no podemos hacernos santos por nuestras propias fuerzas.

Al final, ese fariseo, como no cumple la ley plenamente, es un orgulloso y quiere comprar a Dios, sale del templo sin ser perdonado.

El publicado, considerado un pecador público, un colaboracionista con los romanos, que cobraba los impuestos a los de su raza para pagar a los romanos y de paso quedarse con una parte para vivir. Pero el publicano no se atreve a mirar hacia arriba siquiera. Se agacha, se mira a sí mismo, reconoce de qué pasta está hecho y se reconoce siendo un desastre, un pecador. Reconoce que él no se gana nada y pide el perdón de Dios.

Pues bien, éste salió justificado, éste salió del templo perdonado. Hay dos maneras de rezar, ¿cuál de ellas usáis vosotros: la del fariseo o la del publicano?

Esta es una parábola que el Señor cuenta para explicarnos mejor lo que Él quiere.

10.- En resumen, ante Dios que es la gratuidad absoluta, el amor infinito, la misericordia y el perdón, hemos de situarnos con el reconocimiento humilde de lo que somos. Somos criaturas, no somos dioses. Reconozcamos nuestra pequeñez, nuestra humildad, nuestra realidad frágil y el Señor nos perdonará.

El modelo que tenemos todos y que, además, es la titular de vuestra parroquia, es la Virgen María, la Inmaculada, que supo situarse ante Dios realmente como hay que situarse: “Yo soy la esclava del Señor, hágase en mí como Tú quieras. Yo no mando en mí, manda Tú en mi persona. Dime qué tengo que hacer y lo haré” (cf. Lc 1,38).

11.- Y termino, tenéis que preguntarle al Señor qué quiere de vosotros. Normalmente se hace al revés. La gente os pregunta: ¿qué quieres ser? Y vosotros respondéis: “A mí me gustaría ser…” “Yo quiero ser…”.

Con Dios no se funciona así. No debemos ir a Él diciéndole: “yo quiero ser… A ver si me ayudas, a ver si me consigues la plaza”. A Dios hay que ir como el publicano, como María: “Señor, ¿Tú, qué quieres de mí? ¿Tú, qué quieres que yo sea? La Virgen tenía sus planes y el Señor se los cambió todos.

Vosotros tenéis vuestros planes; os veo jóvenes. Todos tenéis vuestros proyectos. ¿Y si esta tarde el Señor os cambia el proyecto que tenéis pensado? ¿Estaríais dispuestos a cambiarlos u os resistiríais?

Ser confirmados esta tarde implica que os tenéis que poner en manos del Señor y preguntarle: ¿Qué quieres de mí? ¿Cómo quieres que yo sea cristiano? ¿Dónde quieres que dé testimonio? Porque a lo mejor estás pensando en formar una familia y el Señor te pide que te vayas a África o a Málaga, me da igual. O al revés, quizás estés pensando en hacer no sé qué y el Señor quiere que formes una familia y que tengas muchos hijos y los eduques cristianamente.

¿Esto lo habéis captado? ¿Le vais a hacer la pregunta al Señor? ¿Qué quieres de mí? Si no lo habéis hecho aún, id acostumbrándoos a preguntarle cada día: Señor, ¿qué esperas de mí?, ¿qué quieres de mí?

Le pedimos a la Virgen que nos ayude, porque Ella sí que lo hace. Amén.

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