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Dedicación del Templo de la parroquia NªSª del Rosario (La Cala del Moral-Rincón de la Victoria)

Publicado: 05/08/2010: 647

DEDICACIÓN DEL TEMPLO

DE LA PARROQUIA NªSª DEL ROSARIO

(La Cala del Moral-Rincón de la Victoria, 5 septiembre 2010)

Lecturas: Sb 9, 13-18; Sal 89; 1 Pe 2, 4-9; Lc 14, 25-33.

(Domingo Ordinario XXIII)

1. Un fraternal saludo a D. Rafael, el párroco y también a los sacerdotes que han querido acompañarnos en esta dedicación de la Iglesia. De modo especial, un cariñoso saludo a D. Antonio Estrada que fue el alma de la construcción y del templo y al que todos conocéis. Gracias a todos por vuestra presencia y a D. Antonio por hacer un esfuerzo para estar con nosotros, no podía faltar en este día de la consagración de este templo.

A todos los feligreses que sois los que formáis la Iglesia viva, vamos hoy a dedicar el templo, la estructura material, el lugar sacro, pero la parroquia lo forman piedras vivas, fieles bautizados, vosotros sois los protagonistas de esta comunidad.

Hemos escuchado el texto del libro de la Sabiduría, que es el texto que toca hoy, como Domingo XXIII del Tiempo Ordinario. Y he querido respetar estas lecturas porque siempre la Palabra de Dios es enriquecedora y además en este momento de la dedicación de la iglesia nos pueden ayudar a captar mejor la idea de lo que significa un templo y una iglesia.

2. Dios crea al hombre y lo hace capaz de dialogar con Él. En la creación hay muchos seres pero sólo el hombre ha sido creado para poder dialogar con el Señor y percibir la gracia que Dios le regala. Dios se revela al hombre y le manifiesta su voluntad.

El libro de la Sabiduría, que hemos escuchado, nos ha recordado que el hombre, por sí mismo sería incapaz de acceder al conocimiento de Dios y de su voluntad: «Los pensamientos de los mortales son mezquinos e inseguras nuestras ideas» (Sb 9, 14),

«Trabajosamente conjeturamos lo que hay sobre la tierra y con fatiga hallamos lo que está a nuestro alcance; ¿quién, entonces, ha rastreado lo que está en los cielos?» (Sb 9, 16).

Sin el Espíritu de Dios comunicado al hombre, éste no hubiera podido conocerle y encontrarle: «¿Quién habría conocido tu voluntad, si tú no le hubieses dado la Sabiduría y no le hubieses enviado de lo alto tu espíritu santo?» (Sb 9, 17).

A lo largo de la historia, Dios se ha ido manifestando al hombre a través de sus enviados: los patriarcas, los profetas, los jueces, los reyes. De este modo, el pueblo de Israel y a partir de él toda la humanidad, por tanto, también nosotros, hasta la parroquia de NªSª del Rosario en la Cala del Moral, hemos podido conocer, por revelación, quién era Dios y cuál era su voluntad: «Sólo así se enderezaron los caminos de los moradores de la tierra, así aprendieron los hombres lo que a ti te agrada y gracias a la Sabiduría se salvaron» (Sb 9, 18).

3. El texto de Sabiduría 9, 1-18 es una oración, puesta en boca del rey Salomón, en la que se implora del Señor la sabiduría. Como telón de fondo de este relato está la visión divina contemplada por Salomón en Gabaón: “Pídeme lo que quieras”, le dice el Señor; y el monarca, en vez de pedir poder, riqueza, honores, sólo pide sabiduría para poder gobernar a su pueblo. La sabiduría sólo se puede alcanzar (Sb 6, 12-20) si se le pide a Dios (Sb 7, 7; 9, 1-18).

Salomón, como soberano, deseó la sabiduría, para poder gobernar a su pueblo. El monarca israelita no nos imparte una clase de sabiduría, sino que reza para obtenerla. Los verbos que emplea dirigidos al Señor son: “dame”, “envíala”, “mándala” (Sb 9, 4.10). Además, nos recuerda que la pueden alcanzar no sólo los reyes, sino todos los mortales (Sb 9, 7).

Cada uno de nosotros, pidiéndosela al Señor, puede alcanzar la Sabiduría divina.

Según el texto bíblico el sabio, según Dios, tiene como misión dominar el universo (cf. Gn 1, 26ss.; Sb 9, 2); y en el dominio del hombre sobre la creación se revela la Sabiduría divina.

4. En esta misión, el hombre no puede obrar a su capricho, sino que debe respetar, en sus relaciones con el mundo, el orden querido por Dios (cf. Sb 9, 2-3; Gn 9, 3ss.).

Dejado a sí mismo, el mortal es débil y efímero (cf. Sb 9, 5), camina en oscuridad y tinieblas; no sabe discernir lo justo de lo injusto, ni aplicar las leyes con equidad (cf. Sb 9, 13); desconoce el designio divino: lo que le es agradable, su voluntad (cf. Sb 9, 9-12).

En contraste con la Sabiduría de Dios, está la sabiduría mundana, la del mundo, en sentido opuesto a la de Dios. La sabiduría mundana, que no quiere saber de Dios, se construye unos planes acomodados a sus deseos; promulga unas leyes para realizar la propia voluntad y no la de Dios; dirige su mirada hacia los objetivos que anhela; y empeña sus fuerzas en obtener la felicidad.

Pero se equivoca al realizar todo esto; porque, en verdad, no encuentra la felicidad donde la busca. Todos van detrás de la felicidad creyendo encontrarla. Nosotros también. Pero la sabiduría mundana más bien disfruta de unos goces efímeros, que no le llenan; y queda encandilada por destellos pasajeros, que le dejan peor que antes.

5. De este contraste entre la Sabiduría divina y la sabiduría mundana, podríamos poner muchos ejemplos: modas, estilos, búsquedas de felicidad, leyes, normas, costumbres que están en nuestra sociedad que van buscando un tipo de felicidad que no llena, mientras que el creyente tiene otro tipo de vivencia. Este contraste nos puede ayudar a celebrar mejor el gran acontecimiento que estamos realizando, la Dedicación de la iglesia de la parroquia de NªSª del Rosario (La Cala del Moral-Rincón de la Victoria).

Podéis pensar: ¿qué tiene que ver este tema de la Sabiduría divina y humana con la Dedicación de la iglesia?

En la última etapa de la Historia de salvación, la Sabiduría divina se ha manifestado plenamente a través de Jesucristo, el Hijo de Dios, que es el único Mediador entre Dios y los hombres y la misma Sabiduría.

Jesucristo ha fundado la Iglesia para continuar su obra en el mundo y para que todos los hombres, de todas las épocas, puedan alcanzar la salvación.

6. Esta parroquia fue erigida hace ya más de sesenta años, como lugar de encuentro entre Dios y los hombres; como sacramento eficaz de salvación; como ámbito, donde los fieles cristianos han podido degustar la Sabiduría divina, en contraposición con el estilo mundano de vivir.

No sé si hay alguien aquí que estaba presente cuando se creó la parroquia. Alguien de los presentes que era niño cuando se creó la parroquia. Si hay alguien puede levantar la mano. Pues tenemos unos cuantos testigos y ¡os felicito! Vosotros sois testigos de que en estos más de sesenta años la parroquia ha sido ese lugar de encuentro con Dios donde se ha podido saborear la Sabiduría.

¿Sabéis cuál es la raíz de la palabra sabiduría? Sabiduría tiene la misma raíz que saber y que sabor. Las cosas que nos gustan la saboreamos. Las que no nos gustan y hay que tomar se tragan a prisa y se procura no paladear. Pero las cosas que nos gustan la paladeamos, las degustamos, la saboreamos. Pues la Sabiduría divina se saborea. El cristiano la gusta, la goza.

Hoy agradecemos al Señor este don de su amor. Él nos ha iluminado y enriquecido con su Palabra. Se han leído aquí muchas veces la Palabra de Dios, que es alimento. Él nos ha alimentado con el pan de su Cuerpo en la mesa eucarística; nos ha hecho degustar la Sabiduría, que conduce a la verdadera felicidad, en contraste con esa sabiduría mundana que no conduce a ninguna parte. Todos somos testigos de mucha gente que, buscando el goce sin más, acaban mal, acaban esclavo de su mismo vicio, o acaban en la trampa o incluso en la enfermedad de lo que empezó a buscar como felicidad.

7. ¡Cuántos feligreses habéis hallado, en este recinto de paz, la serenidad de corazón ante acontecimientos dolorosos, difíciles, ante enfermedades, ante obstáculos y dificultades de la vida, ante la muerte de seres queridos! ¡Cuántos feligreses habéis podido gozar de la presencia de Dios en las liturgias celebradas en esta comunidad cristiana!

¡Cuántas veces las almas, apenadas por sus pecados, han recibido el perdón gratuito y consolador de Dios de manos de los sacerdotes!

Muchos fieles partieron ya hacia la casa del Padre y ahora gozan plenamente, en la eternidad, de la felicidad degustada aquí, en su vida terrena. Ahora siguen gozando de las delicias de la Sabiduría divina, que ya probaron en la vida temporal. Hoy quiero hacerme eco, y todos juntos nos hacemos eco también, de su agradecimiento y se lo ofrecemos al Señor, pidiendo que los acoja en su Reino de inmortalidad.

Agradecemos que el Señor nos haya regalado esta iglesia, la comunidad cristiana, la parroquia de NªSª del Rosario como ese lugar de encuentro entre nosotros y con Dios. Tenemos muchos motivos que agradecer al Señor, muchos dones, muchas gracias.

Y además del agradecimiento, el cristiano no se puede quedarse sólo con decir “gracias”, sino que el regalo de Dios le implica en su vida y en su compromiso.

8. La carta de San Pedro nos anima en relación con la Iglesia y con la parroquia a vivir realmente como cristianos, como bautizados.

En primer lugar San Pedro nos invita a acercarse a Cristo, la piedra angular. Este templo está construido por muchas piedras, piedras materiales, pero cada uno de nosotros somos piedras vivas. El templo espiritual está compuesto por Jesucristo, como piedra angular, fundamental, y por todas la otras piedras vivas que sois vosotros, los fieles cristianos que os dejáis construir desde el fundamento de Jesucristo, cimentados en Jesucristo.

Dice Pedro: «Acercándoos a él, piedra viva, desechada por los hombres, pero elegida, preciosa ante Dios» (1 Pe 2, 4). «La piedra que los constructores desecharon, en piedra angular se ha convertido» (1 Pe 2, 7).

Ningún cristiano puede poner los fundamentos fuera de Jesucristo. Eso es como estar fuera de tiesto. Este es un lugar sacro, físicamente. Pero este lugar sacro nos está hablando de un estilo de vida sacral, de un estilo de vida que el cristiano adopta como modelo a Jesucristo. Por tanto, nuestra vida, todo lo que hagamos y no sólo cuando venimos a la iglesia, sino cuando estamos en casa, en el ambiente familiar, en el trabajo, en el ocio, en la playa, en cualquier momento de la vida, toda nuestra vida ha de estar fundamentada en Cristo.

9. Ser piedras vivas, como dice San Pedro: «También vosotros, cual piedras vivas, entrad en la construcción de un edificio espiritual» (1 Pe 2, 5). Hemos de ser piedras vivas, testigos vivientes en nuestra sociedad. Una sociedad que no le gusta hablar de Dios, que no le gusta escuchar las cosas de Dios, que quiere vivir como si Dios no existiera. Y vosotros sois los testigos de que sí que existe, de que Jesús da sentido a la vida, de que Cristo nos ha salvado, de que Él ilumina nuestras vidas y es nuestra fuerza. No hay que forzar a nadie, solamente hay que vivir comprometidamente siendo testigos valientes de la fe.

Para los incrédulos, para los que no creen, Jesús, piedra angular se convierte «en piedra de tropiezo y roca de escándalo» (1 Pe 2, 8). Para quien no quiere saber de Dios el cristiano es un estorbo. Por eso, la sociedad que se aparta de Dios critica al cristiano, por eso el cristiano es vapuleado, es insultado, es vituperado, si se le puede se le arrincona para que no hable, para que quede mudo, para que no intervenga en la sociedad. Hay un gran interés a relegar a la Iglesia y a los cristianos fuera de la sociedad, que no hablen, que no digan, que no proclamen, que no sean testigos, porque nos molesta su voz, nos molesta su estilo de vivir, porque va en contra de otro estilo.

Sobre esto que estamos diciendo hay un texto precioso del siglo II que dice casi lo mismo. Los cristianos entonces estorbaban, han estorbado siempre en todas las sociedades. Para el que quiere vivir a sus anchas, haciendo lo que le da la gana sin respetar los derechos de nadie, la presencia de un cristiano es una denuncia.

Ellos «tropiezan en la piedra angular porque no creen en la Palabra» (1 Pe 2, 8). Pero nosotros hemos sido bautizados en Cristo, formamos este templo espiritual y tenemos que ejercer el sacerdocio bautismal. ¿Por qué creéis que he recorrido el templo rociando agua bendita? El primer signo que hemos hecho ha sido ese. Era para recordar nuestro bautismo. Para decirnos a nosotros mismos con ese gesto, que hemos sido bautizados en Cristo, para ser piedras vivas de este templo espiritual. Para recordarnos que somos hijos de Dios, para recordarnos que hemos de beber y saborear la Sabiduría de Dios, apartándonos de ese estilo que no va en sintonía con el Señor.

10. Nosotros estamos llamados a ejercer un «un sacerdocio santo, para ofrecer sacrificios espirituales, aceptos a Dios por mediación de Jesucristo» (1 Pe 2, 5). Y sigue Pedro diciendo: «vosotros sois linaje elegido, sacerdocio real, nación santa, pueblo adquirido» (1 Pe 2, 9) ¿Para qué? «Para anunciar las alabanzas de Aquel que os ha llamado de las tinieblas a su admirable luz» (1 Pe 2, 9).

¿Estáis dispuestos a ser piedras vivas del templo espiritual del Señor? ¿Queréis fundamentar vuestra vida en la piedra angular que es Jesucristo a pesar de lo que digan de nosotros?

11. Y, finalmente, el Evangelio nos invita a seguir a Jesús. Jesús dijo a sus oyentes: «Si alguno viene donde mí y no odia a su padre, a su madre, a su mujer, a sus hijos, a sus hermanos, a sus hermanas y hasta su propia vida, no puede ser discípulo mío» (Lc 14, 26). Es una forma fuerte de decir: “el más importante en tu vida es Jesús, más que nadie”. Los lazos humanos son importantes, pero nuestra vinculación con el Señor ha de ser el fundamento de nuestra vida, porque la relación con el Señor cambia la relación entre nosotros. No quiere decir que hay que “odiar”, en el sentido humano, a las personas que queremos. Quiere decir que el amor a Dios es fundamento del amor hacia los hombres y ha de estar en primer lugar.

Y Jesús nos invita a llevar la cruz, dice: «El que no lleve su cruz y venga en pos de mí, no puede ser discípulo mío» (Lc 14, 27). ¿Queréis ser discípulos de Jesús y seguirle? Tomad vuestra cruz y seguirle.

Ha habido veces que el tema de llevar la cruz se ha entendido que llevar la cruz es aguantar las dificultades de la vida: los dolores, las enfermedades, las contrariedades. No es exactamente eso. Eso también las aguantan los que no creen. El que no sigue en Jesucristo también cae enfermo, y también muere, y también tiene dificultades. Luego no consiste el “toma la cruz y sígueme” en un simple aceptar las dificultades de la vida, porque hasta los ateos le toca los mismo. Algo más quiere decir.

“Tomar la cruz y seguirme” quiere decir en el seguimiento de Jesús, imitar a Jesús. Si hemos recibido el Espíritu Santo en el bautismo y se nos ha grabado la imagen de Cristo en nuestro corazón, en el bautismo, “tomar la cruz y seguirle” es mantener la imagen de Cristo en mi vida, en mi corazón, mantenerla limpia, nítida y procurar ser una imagen viviente de Jesucristo: comportarme como Él, sentir como Él, vivir como Él, ser como Él, hasta poder decir como San Pablo: “ya no soy yo quien vive, es Cristo quien vive en mí” (cf. Ga 20,2). Ya no soy yo quien piensa, es Cristo el que piensa en mí. Ya no soy yo quien actúa, es Cristo quien va actuando en mí. Nos queda mucho por andar hasta que podamos decir “es Cristo que está dentro de mí y es Cristo que actúa en mí a todos los niveles”, creo que tenemos todavía un trecho largo de trabajo.

12. Vamos a pedirle al Señor que nos ayude a ser piedras vivas de su templo, del que Él es su piedra angular; vamos a pedirle que nos ayude a ser como Él, a ser testigos suyos; y por supuesto hemos de agradecer al Señor el regalo de esta parroquia y de este templo que hoy vamos a consagrar y a dedicar.

En el Salmo responsorial hemos recitado: «Señor, tú has sido nuestro refugio de generación en generación» (Sal 89). Por aquí han pasado ya, después de estos más de sesenta años, varias generaciones, el Señor ha sido nuestro refugio, nuestra esperanza, nuestro todo en estas generaciones.

Pido al Señor que esta fe en Dios, este amor y esperanza cristiana no se apaguen en la parroquia de la Cala del Moral. Es posible que disminuyan los cristianos y aumenten los ateos, pero hay que mantener el fuego encendido, que no se apague.

Le pedimos a la Virgen del Rosario que siga acompañando a esta comunidad cristiana de la Cala, para que viva según la Sabiduría de Dios y sea testigo valiente en esta sociedad. Amén.

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