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Esta asignatura, que trata de
transmitir los conocimientos
básicos de la fe cristiana y el conjunto
de valores que sustentan la
cultura y la sociedad occidental,
es, sin embargo, maltratada
desde hace años por las administraciones
educativas españolas y
andaluzas. Las estrategias han
sido varias: desde dejar sin contenido
la asignatura alternativa, a
arrinconar la clase a última hora
del día para incitar a los alumnos
a no asistir. Este curso, la estrategia
de acoso y derribo a la asignatura
se ha ensañado con el profesorado,
recortando “brutalmente”
el número de horas lectivas,
sin que hubiese disminución del
porcentaje de alumnos matriculados.
Esto provocó que los directores
tuvieran que agrupar masivamente
a los alumnos y que
muchos profesores sufrieran
recortes en sus nóminas de hasta
800 euros al mes.
Por eso, además de matricular a
nuestros hijos en la asignatura
de Religión y de apoyar al profesorado,
todos tenemos que hacernos
responsables de su formación
religiosa, sobre todo la familia y
las parroquias.
Santiago Vela, profesor de
Religión desde hace más de 20
años y responsable en Málaga del
Sindicato CSIF, el más representativo
a nivel andaluz de este
colectivo, apunta que “las previsiones
para el próximo curso son
muy pesimistas, pues tras numerosas
negociaciones con los sindicatos,
la Junta no tiene intención
de dar estabilidad laboral al profesorado.
Seguirá reduciendo el
número de horas de Religión y el
sueldo del profesor, aunque se
mantenga o aumente, como así se
demuestra cada año, el número
de alumnos que eligen Religión”.
Ante esta situación es importante
recalcar la trascendencia
de cursar la asignatura de
Religión para la formación integral
de los niños y jóvenes.
Santiago Vela señala que “hay
un dato objetivo comprobado, y
es que los alumnos que cursan
Religión sacan mejores notas y
salen con mejor preparación.
Basta con escuchar a profesores
de otras asignaturas afirmar la
madurez y capacitación que tienen
aquellos alumnos que trabajan
los contenidos que se
imparten en Religión, ya que
esta asignatura favorece y
ayuda a una mejor comprensión
de la historia, la literatura, la
música, el arte, la filosofía, la
ciudadanía e incluso las ciencias…
Es innegable que para
comprender nuestra historia,
cultura, tradiciones y manera de
pensar se necesita conocer, (ojo,
que no digo “creer”) el mundo de
las religiones y en concreto el
cristianismo. Eso sin citar el
espíritu crítico y madurez que
nace y crece en el alumno cuando
se trabaja y reflexionan los
valores que propone Jesús y su
evangelio, (amor, amistad,
solidaridad, perdón, sacrificio,
familia, vida…) necesarios si
queremos formar personas y
ciudadanos adultos y maduros”.
“Si realmente –concluye este
profesor– queremos lo mejor
para la formación intelectual y
humana de nuestros hijos, considero
que es una gran irresponsabilidad
que les impidamos y no
facilitemos que reciban y trabajen
los contenidos de las clases de
Religión, sean o no creyentes”.
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